ANTROPÓLOGOS EN EL CINE

Antropología en el cine convencional

PELÍCULAS DE ANTROPÓLOGOS

Tras pasar una larga época perdiendo el interés por el cine y las series en general, entre tanta fórmula cinematográfica y tanto cliché, me he propuesto ir a la búsqueda de películas donde aparecen antropólogos para que al menos tenga que molestarme un poco y ganarme las palomitas.

Lo más importante es adelantar que esto no es un artículo para hablar del cine etnográfico, la antropología visual, o el cine en el que se introducen perspectivas de interés antropológico. Esto son simplemente películas donde aparecen antropólogos como protagonistas (generalmente), sean de la índole que sean. Y digo antropólogos porque apenas he encontrado la representación de la mujer antropóloga ejerciendo este rol en alguna de las increíbles misiones que me he encontrado por ahí.

Como buscar sencillamente películas me parecía un poco simplón, he pretendido observar tres elementos fundamentales en el rol del antropólogo y en su representación cinematográfica: 1. El objetivo u objetivos del antropólogo en su trabajo; 2. su representación estética; 3. La entidad que financia su trabajo.

Esto me ha parecido especialmente divertido porque, verdaderamente, se puede observar la construcción de elementos arquetípicos de las representaciones de la Antropología desde el exterior de la disciplina, que son bastante WTF en algunos casos, pero que, sobre todo, son muy diversos y repetidos en el tiempo. Desde aventureros a bohemios mujeriegos, pistoleros, etnógrafos… un poco de todo pero que sin embargo, se consiguen homogeneizar algunos aspectos de entre todos los estereotipos. Incluso en alguno de estos films con un carácter más pretencioso respecto al rol del antropólogo y su labores en la trama, se acaba por estereotipar igualmente. En fin, aquí van las películas.


MIDSOMMAR, 2019

He de admitir que me ha encantado esta película de terror e intriga que puede conseguir un nivel de inmersión bastante profundo entre lo siniestro de lo antropológico.

Se trata de un grupo de estudiantes de posgrado en Antropología que están investigando las tradiciones de los solsticios de verano. A través de un amigo, reciben la oferta de desplazarse a un lugar remoto de Suecia, a una pequeña aldea donde el sol no se pone nunca, lo que les parece de un gran interés para nutrir sus estudios haciendo trabajo de campo entre los increíbles rituales y festividades de estas gentes.

En este largometraje se puede observar un perfil de los antropólogos bastante cercano a la actualidad. Antropólogos que buscan exotismo, rarezas rituales, convivencia en el exterior de su sociedad, supervivencias en el folklore de los grupos más aislados, fenómenos de causalidad, etc. En fin, buscar “exotismo” se considera un error para muchos antropólogos más interesados en los procesos y en los cambios en las convenciones sociales independientemente de donde se encuentren.

Lo de hacer un doctorado marchándote a la Cochinchina para extraer información de grupos que muchas veces no están muy conformes con la presencia del etnógrafo, que acaba produciendo datos en muchas ocasiones sin demasiada aplicación práctica ha sido un suceso muy recurrente, a veces criticado por la pretensión del viaje, la convivencia y la búsqueda de la experiencia personal más allá del valor de la investigación, por ejemplo para aplicar los conocimientos extraídos en la sociedad o institución que paga, que es habitualmente la del origen del profesional.

Por cierto, sobre entidad financiadora, en este caso de los protagonistas, pues eso, estudiantes de posgrado, se intuye de donde provienen los fondos: becas, universidad, papás, mamás, familia…

Sobre la estética, como veis, “gente corriente”, sin más adorno.


TRES RECUERDOS DE MI JUVENTUD, 2015

Relata la historia de Paul Dedalus, antropólogo que regresa a Francia para reencontrarse con los recuerdos de su frustrante infancia y adolescencia, después de investigar por el mundo a lo largo de su vida como etnógrafo, estudiar ritos funerarios por el este de Europa en los países fronterizos con la antigua Unión Soviética, aprender numerosos idiomas, participar en organizaciones de ayuda dentro de sus controvertidas finalidades, o llegar a ser sospechoso de espionaje, como ya le ocurrió a más de un antropólogo en el siglo XX en la realidad, en ocasiones con motivos claros, sobre todo en contextos belicosos. Paul Dedalus ha sido remunerado por la embajada francesa y el Ministerio de Asuntos Exteriores para dar forma a su investigación vital. Su vida la han conducido las necesidades de sus investigaciones.

Con un carácter cinematográfico más íntimo y con un cariz independiente, sin quererlo ni beberlo, hace una construcción de un estereotipo del antropólogo social y cultural como un “viajero intelectual”.

Se centra en gran medida en las vivencias que ha tenido desde la infancia para dar como resultado a este estereotipo de “antropólogo moderno”: algo bohemio, cuasi poeta, filósofo, aventurero, bribón mujeriego, atractivo por su intelecto, resabido, relativista…

Ésta es la pinta, comedida como “viajero intelectual”, ¿no?

Aquí el trailer,


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Aquí nos adentramos en el oscuro universo de la serie B. Voy a continuar por dos películas con las que se me ha quedado el culo torcido. La Antropología no iba a escapar del cine B, cosa que me parece muy correcta. Me encantan este tipo de películas cuando resultan en un esfuerzo por producir una película seria que al final te hace reír a carcajadas. Igualmente en estos dos casos no han andado tan alejados como en otras a la hora de reflejar las tareas habituales de un antropólogo, cogiendo esto con pinzas claro.

GARGOYLES, 1972

Ojo cuidado con Gargoyles de 1972, que nos lleva ante un antropólogo coleccionista de demonios fósiles, experto en demonología, escritor de éxito, viajante aventurero, intelectual desde el punto de vista de sus seguidores, aclamado por la audiencia en televisión. Aunque desde la visión externa del que ve la peli encaja más como el “antropólogo aventurero”.

Este hombre es Doctor en Antropología según un comentario de pasada, por lo que además de estar autofinanciado por el propio éxito de sus ventas, algo de panoja pillará también de la Universidad para justificar sus continuos viajes en busca de mitos y leyendas o cualquier registro fósil relacionado con los demonios.

Su pasión por la demonología le conduce a un lugar recóndito del desierto de Arizona junto con su hija, donde les espera un supuesto viejo chiflado que pretende mostrarle el esqueleto completo de un demonio y contarle las siniestras historias que los indígenas de la zona cuentan sobre ellos. Ahí comienza su aventura.

La mitología y las leyendas relacionadas con las “entidades del mal”, su historia, sus funciones en las sociedades, sus representaciones simbólicas, en fin, sus aspectos antropológicos, no forman parte de la ficción. Por poner un ejemplo español, el célebre y recientemente fallecido antropólogo Carmelo Lisón Tolosana, en su extensísima obra produjo bastante material al respecto, y más o menos en el contexto de la época de esta “Gargoyles”. Por citar algunas obras:

  • Endemoniados en Galicia hoy. 1984
  • La España mental. 1. El problema del mal. 1990
  • Demonios y exorcismos en los siglos de oro. 1990
  • Las brujas en la historia de España. 1992
  • La Santa Compaña: fantasías reales, realidades fantásticas. 1998

Aquí tenemos al Doctor y a su hija, que lo mismo te da una clase en la universidad, que se lía a escopetazos contra los demonios del mal. Anda con esa clásica indumentaria safareña color parduzco.

Me he divertido de veras con esta peli. ¿Quién no quisiera ser un antropólogo demonólogo rodeado de peligros?


HOLOCAUSTO CANÍBAL, 1980

La archiconocida película italiana de Ruggero Deodato que se hizo viral entre los años 80 y 90 por las grotescas y explícitas imágenes que mostraba, comprendidas entre la realidad y la ficción, sin saber muy bien cuándo poder diferenciarlas.

Aviso que hace falta tener estómago para verla, por si alguien no sabe desconectarlo, le puede jugar una mala pasada. Se censuró en numerosos países, recibió multas, creo que incluso cárcel, hasta que el tiempo y las transformaciones de la ética y la libertad de expresión la colocaron en todas las estanterías de los videoclubs de casi todo el mundo. Si tuviera que definirla en una palabra, sería “turbia”.

Entre la amazonia peruana y brasileña se pierden un grupo de periodistas que están en el mainstream del momento por sus jugosos documentales sensacionalistas, y que se encuentran grabando un reportaje sobre las tribus supuestamente caníbales que habitan por aquellas regiones.

Tras su desaparición, un grupo de rescate liderado por un Doctor en Antropología, el profesor Monroe, que tiene como objetivo adentrarse en el corazón de la selva para comprobar qué les ha podido suceder, descubren las cintas que estos periodistas grabaron donde aparece todo lo que les pasó.

A nuestro protagonista, la gente le llama habitualmente profesor Monroe, o Doctor, por lo que, pese a que no he percibido ningún comentario explícito, lo más probable es que también trabaje para alguna universidad. Lo curioso en estos casos es cómo se desdibuja un Doctor en Antropología en su relación con la Universidad, cuando pasa de tener una perspectiva analítica y teórica, a convertirse en un aventurero en una misión de rescate que se pasa por el forro todos los códigos deontológicos de su disciplina.

Este hombre tiene un comportamiento antropológico muy peculiar: lo mismo ofrece una visión relativista del salvajismo como concepto etnocéntrico, que persigue a jovenzuelas desnudas por la selva en un jugueteo sexual, entra en contacto con grupos aislados sin miedo al contagio de virus y bacterias que él mismo pueda transportar y que podría resultar con el exterminio de un grupo entero, que se lia a tiros o participa en rituales caníbales para ganarse la confianza de un grupo o suponer la amenaza para otro. Es un WTF en toda regla. Lo llevan porque se considera que un antropólogo tiene instrumentos metodológicos para “mimetizarse” progresivamente con distintos entornos indígenas sin que le consideren una amenaza, pero acaba por ser bastante semejante al mercenario que tiene al lado con el rifle siempre dispuesto. En teoría es un experto en los mal llamados “pueblos primitivos”, en lo que en ocasiones se llama la Antropología Indigenista, pero yo me pregunto cómo pudo pasar más de 5 minutos en cualquier otro grupo del mundo sin que lo echasen a patadas en el culo.

Posteriormente se le llena la boca de derechos humanos de cara al escaparate ja ja ja; es que me ha flipado este personaje. Aquí lo tenemos, el Doctor Monroe: rebentando una tortuga gigante a machetazos, persuadiendo del uso de su rifle a su camarada mercenario para encontrar otra forma de comunicación (para que 5 minutos después se líe a tiros el mismo ja ja ja), con esa estética de aventurero lleno de arañazos, fumando en ocasiones en pipa para no alejarse demasiado de su aristocrática esencia académica. Un personajazo increíble que me ha hecho reír interminablemente pese al grotesco contexto de la película.


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MAN TO MAN, 2005

Voy a hacer la excepción de meter esta película en esta sección aunque, en parte, con calzador. Me explico.

Estamos en 1870. Pese a que el médico escocés Jamie Dodd y la aventurera Elena Van Den Ende nos son antropólogos per se, y son en realidad los protagonistas, se encuentran en un contexto científico de la evolución darwinista unidireccional en auge y, dentro de los propósitos principales de estos dos, en realidad, aventureros con conocimientos en distintos campos, están en el universo de la antropología en cuanto a conocimientos y a la necesidad de validación de sus descubrimientos. De modo que salen antropólogos en un segundo plano, sin llegar a especificar quienes son exactamente al encontrarse dentro de un público observador sobre sus hallazgos. En definitiva, me sirve.

Sin embargo, la aventurera, Elena Van den Ende, sí que dispone de conocimientos sobre otras lenguas, sobre el simbolismo ritual, sabe interpretar significados sociales y culturales ajenos a los de su grupo, de entre otras cualidades y características propias de las antropólogas sociales y culturales. Hay que tener en cuenta que en este contexto histórico esta profesión no estaba todavía muy bien definida, mas allá de la Antropología Física y Forense propia de cuatro ilustrados.

El caso es que estos dos exploradores viajan a una inexplorada África Ecuatorial en busca de los orígenes de la humanidad, que pretendían obtener a través de un posible “eslabón perdido”, que creen encontrar cuando descubren a unos extraños “pigmeos” que apresan sin dudar, y con los que regresan a Edimburgo para mostrarlos ante la comunidad científica como el ser humano antecesor al Homo Sapiens Sapiens, basándose en aspectos aritméticos de la estatura y los rasgos faciales, donde todavía no disponían de técnicas como el coeficiente de encefalización para clasificar el tamaño relativo del cerebro. De modo que al ser más pequeños y tener un cráneo menor así como al observar patrones conductuales diferentes a los del ciudadano blanco anglosajón, al estar inmersos en la creencia de que la evolución de las especies es unidireccional, pues ya consideraron tener material científico suficiente como para clasificarlos como un estadío inferior en la cadena evolutiva. Habían hallado el famoso “eslabón perdido”. En fin, no cuento más por no hacer spoiler, esto es solo el comienzo.

Vean entonces el contexto de una indefinida antropología en términos teóricos y metodológicos, los objetivos, intereses y finalidades de la época con la evolución humana, y todo esto pagado por la Real Academia Escocesa de las Ciencias desde la que se financian expediciones y experimentos para investigar la evolución de los seres humanos. No está del todo mal traída esta concepción del contexto en esta película.

Por ahí andarán sueltos algunos antropólogos, con esa estética darwiniana de la época de los evolucionistas decimonónicos, tyloriana, morganiana, spenceriana.

Poco más que añadir sobre este colorido “safari africano”, que se refleja en los parduzcos de las prendas, en los sombreros típicos del arqueólogo de película, en los desgastes de los tejidos que pretenden alojar experiencias expedicionarias.


RESCATE EN EL MAR ROJO, 2019

Vamos con otro estereotipo del antropólogo que me encanta: “el activista cachas”.

Está ambientada en los años 80, en donde un grupo de agentes del Mossad (agencia de inteligencia de Israel) decide de una manera un poco arbitraria y sin escatimar en flipadas arquetípicas de personajes espías que es una buena idea perpetrar un plan para rescatar y evacuar de una zona hostil sudanesa a unos cientos de etíopes judíos que están atrapados y presionados por las milicias en un inminente destino fatal.

Qué os puedo decir del “activista cachas”, que en ocasiones hace mención de su título como antropólogo para justificar su inquebrantable voluntad de hierro, su capacidad de liderazgo, su persuasión, valentía, rigor ético. Un ser humano íntegro que arriesga su vida por los demás sin importar el poner en riesgo la suya. Vamos, idéntico al antropólogo medio de toda la vida, que no suele ser una persona común en lo absoluto, que habitualmente termina de dar clase en la universidad y no le importa trepar por rascacielos para salvar a personas que están poniendo en riesgo su vida; que tiene los nervios de acero para lidiar y plantar cara contra cualquier narcotraficante, mafioso, o cuerpo paramilitar.

Cuidadito con los antropólogos y antropólogas que lo mismo os cruzan la cara si os pasáis de listos vulnerando algún derecho de las gentes más desfavorecidas. Se dice que algunos salvan a 4 o 5 personas de media semanal.

En “Rescate en el mar Rojo”, el objetivo del antropólogo queda claro, y la entidad financiadora también. Ahora bien, que el prota de esta peli podría ser fontanero, abogado o veterinario. No se contemplaría ninguna diferencia. El único requerimiento es ser un machote protector Alfa con la suficiente sensibilidad como para empatizar con los demás hasta arriesgar su vida para salvar a todo lo que se mueve.

En términos estéticos aquí tenéis a la izquierda al Capitán América camuflado de antropólogo junto con sus amigos. Juzgar vosotras mismas. La peli puede llegar a ser entretenida a ratos.


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EL HOMBRE DE HIELO, 1984

Peliculote que me ha parecido bastante satisfactorio. Trata de una expedición científica que realiza sus investigaciones en la Antártida, en un contexto inuit, en donde descubren al Hombre de Neandertal, congelado, intacto, con el que especulan la posibilidad de hallar los orígenes de la vida.

Esto si no fuera por el antropólogo que pertenece al equipo y que tiene una relación bastante cómica, pero que podría decir que no es tan ficticia o cinematográfica como parece cuando se encuentra dentro de un equipo de científicos junto con biólogas, médicos, etc.

Ha sucedido otras veces en la realidad. Antropólogos que se quejan de no tener un papel relevante en las decisiones del equipo técnico. Esta situación que los posiciona como “floreros” entre tanto científico, que no les toman demasiado en serio, y que incluso reciben algún que otro vacile como se refleja en la película (aunque aquí llega a ser hasta objeto de mofa), me suena que una antropóloga, no recuerdo cuál, lo catalogó como “fagocitación”. Alguna referencia me han llegado a contar en algún que otro máster en Antropología Médica, donde se juntan médicos, biólogos, antropólogos… que no tienen tan en cuenta los argumentos antropológicos como los médicos a la hora de explicar determinados sucesos sociales y/o culturales con implicaciones en la salud. Craso error, como se ha cometido durante décadas al no tener en cuenta la Antropología Biosocial para explicar las influencias del entorno en la evolución humana, y tratar de explicar los sucesos evolutivos desde un punto de vista excesivamente biologicista. Hola epigenética.

Menos mal que en esta peli el antropólogo les da su merecido con su gran actitud antropológica, sus perspectivas éticas en derechos humanos, su conocimiento sobre el comportamiento homínido, sobre la importancia de la muerte, su capacidad de conectar los sucesos con un gran holismo sociocultural. Un fenómeno que puja bien en el debate científico entre conocer la biología y la química del efecto de una posible criogenización para hacer perdurar la esperanza de vida o conocer de primera mano la evolución de nuestra especie, preservar los derechos humanos por encima de los ensayos de laboratorio como experimentos médicos con seres vivos.

El objetivo del antropólogo está claro en cuanto a posicionarse sobre este clásico debate; la entidad financiadora no la llegué a percibir bien, pero no creo que se aleje mucho de los fondos para investigación de cualquier país random.

Pese al olor a humanidades os la recomiendo :).

Volvemos a los colores parduzcos en la ropa de un antropólogo que en este caso encuentra un equilibrio entre la valentía expedicionista y los tintes intelectuales, decantándose más por la segunda.


Para que esto no se alargue excesiva e innecesariamente, voy a meter la octava y última película que he seleccionado por ahora, pese a que tengo más material.

GENTE POCO CORRIENTE

En “Gente poco corriente” aparece la disciplina antropológica como una parte a tener en cuenta durante los primeros minutos, en los que se genera una expectativa sobre la relevancia de esta a lo largo del film. Una expectativa que se va desvaneciendo progresivamente.

Aunque en ocasiones el joven protagonista recurre a los conocimientos de su padre, que es el verdadero antropólogo, Finn tan sólo intenta imitar el trabajo de su este haciendo vagas clasificaciones y analogías tribales en el contexto en el que está vacacionando, un entorno de adinerados de un club de campo en el que ha sido invitado gracias a una amistad de su madre, y a los que observa de cerca y recoge algunos pequeños datos conceptualizándolo como si fueran un “clan”.

No hay un objetivo antropológico claro en Finn, más allá de la imitación nostálgica de la profesión de su ausente padre, el que sí que está investigando de manera holística a un grupo indígena para la Universidad como entidad financiadora. Hace lo que se podría llamar “Antropología Indigenista”; la antropología más chapada a la antigua bajo mi punto de vista.

Aquí está el joven protagonista aspirante a antropólogo. ¿Otra vez los tonos parduzcos?, ¿por qué?, ¿será el color de la antropología para las representaciones cinematográficas?


En fin, hasta aquí de películas donde aparecen antropólogos y sus estereotipos. Espero encontrar alguna donde aparezcan antropólogas, ya que también sería muy interesarte observar la cosificación arquetípica de estas. Conozco solo una que espero encontrar en castellano al menos subtitulada porque me he divertido infinitamente con estas pequeñas observaciones que me han permitido escapar puntualmente de mi creciente desinterés por el cine, y espero seguir recopilando otras tantas, tal vez para hacer otra entrada sobre este tipo de actividad antropológica. Sería de agradecer que me enviaseis otras referencias cinematográficas donde aparezca esta disciplina en el correo o en los comentarios.

En principio me quedo con el color pardo o derivados en el cine de antropólogos, el “antropólogo intelectual”, el aventurero pistolero, el indigenista, el WTF y el “activista cachas”. Desde el punto de vista de la Antropología Aplicada no tienen desperdicio. ¿Dónde están los antropólogos del mercado laboral que trabajan para la típica ONG haciendo labores de coordinación y administrativas?, ¿o los que trabajan para Netflix y sus algoritmos? ¿Irán también repartiendo hostias por la vida, filosofando por las esquinas, tiroteando a las milicias o defendiendo con su vida el orden del bien?, ¿o tendrán una vida rutinaria, sobrepeso, y estarán deseando salir del trabajo para echarse unas cervezas con los colegas como todo hijo de vecino? En fin, si es por estereotipar, pues adelante.

6 comentarios

  • Me ha gustado mucho tu artículo. Tomo nota de alguna peli para verla.
    Como aporte a tu búsqueda de estereotipos de antropólogas en el cine, te sugiero el papel de Ann Miller en “Un día en Nueva York”, el musical de 1949. El momento en que el marinero al que interpreta Jules Munshin la conoce en el museo es muy divertido.

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    • Muchas gracias Isabel. Yo tomo nota de “Un día en Nueva York”, no creas que abundan las pelis donde aparecen antropólogos, y ni te cuento donde aparecen antropólogas.

      Un saludo.

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      • Ya, imagino.
        En este caso, al ser una comedia musical, no esperes un personaje complejo.
        Lo que sí es interesante de escrutar, bajo mi parecer, son los tres estereotipos de mujeres “liberales” en el contexto de la época y su difusión mediante las producciones de Hollywood.

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    • En “El eslabón sangriento” también aparece un antropólogo. La peli es malísima, pero como he visto que habéis puesto alguna cosa de serie B…

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  • Diario de una niñera.
    En esta película su protagonista es una graduada en antropología que elige cuidar niños de clase alta en New York.
    Interesante.
    Aunque no se hace explicito en la película su trabajo ‘casual” como niñera es en realidad la expresión del trabajo de campo antropológico.
    Cómo antropólogo capté esa visión, el entrañamiento, el riesgo de nativización…
    Y todo sin salir de Nueva York.

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