¿ERES RACISTA?: DESCÚBRELO DESDE UN PUNTO DE VISTA ANTROPOLÓGICO

Descubre si eres racista desde un punto de vista antropológico

Lo primero que cabe destacar en estas primeras líneas, es que este punto de vista antropológico no tiene ningún interés en abundar en la búsqueda de términos aplicados que pivoten entre lo correcto o lo incorrecto de los pensamientos, los estereotipos o los prejuicios. Sino que lo interesante es conocer nuestros pensamientos y concepciones de los seres humanos distribuidos subjetivamente en diferentes grupos, cuyas características son imaginadas y habitan en nuestra memoria para dar respuesta a nuestros pensamientos hacia los exogrupos; es decir, hacia los que consideramos que están fuera de nuestro propio grupo (endogrupo).

Lo segundo es que tener prejuicios es algo muy habitual tal y como voy a explicar en este artículo.

A partir de este texto, es muy probable que sepamos ubicar nuestros pensamientos y conceptualizaciones exogrupales en alguna de las categorías que se mostrarán tras unas páginas. O al menos a conocernos un poco mejor, a ampliar nuestra comprensión referente a las causas por las que aplicamos estereotipos para dar forma a las comunidades. Finalmente se aportará una tabla con las categorías para que nos podamos ubicar en la que consideremos que más se asemeja a nuestros pensamientos haciendo un click en la misma.

Como primera premisa, es recomendable entender que las comunidades son imaginadas. Nuestro cerebro, a través de la memoria utiliza la información disponible para dar forma e interpretar las características de una comunidad completa. Esta comunidad puede ser incluso de cientos de millones de personas, como por ejemplo los habitantes del espacio geográfico delimitado por fronteras simbólicas llamado China.

Dos personas con nacionalidad china, dependiendo de sus localidades, pueden ser tan diferentes en términos culturales como un salmantino y un sami del reno de Finnmark. La categoría “chinos” carece de sentido cuando se aplica a la homogeneización de las características culturales de mil millones de personas. En múltiples aspectos y categorías del imaginario colectivo, “los chinos” no existen.

Un ejemplo tontuno es un pensamiento muy recurrente que da forma a la conceptualización común de cómo los chinos tienen dificultades para pronunciar la erre de la lengua castellana. En este breve vídeo se pueden ver a numerosas personas de China pronunciándola sin problema. Como dice Jabiertzo en su vídeo, China es tan grande que no se puede generalizar en nada. Tampoco en comportamientos, ideologías, religiones, formas de emprendimiento u otros aspectos culturales.

Lo mismo ocurre con otros grupos. Las características homogéneas se homogeneizan en base a la reducida información de la que disponemos de un grupo, construyendo de manera estereotipada una identidad grupal. Es improbable incluso para una antropóloga recoger, observar y objetivar todos los procesos sociales y culturales que ocurren en el interior de un grupo para darle una forma común objetiva, por muy pequeño que sea. De modo que “En todo caso, la identidad aparece definida como algo «inmanente, irreductible y sobre todo, resultado de un determinismo cultural» (Rivas y Jociles 1993). Los grupos tienen numerosas identificaciones y no una única identidad, que probablemente son inconmensurables al ser fruto de diferentes dimensiones de lo observable. En base al conocimiento de un grupo el estereotipo o la estereotipia puede reducirse o ampliarse, pero igualmente la comunidad va a ser imaginada.

Sin ánimo de darle más extensión a esto, vamos a la chicha.

El racismo tiene una estrecha relación con el prejuicio. A través del prejuicio se le dan habitualmente forma a las características negativas de una persona basándose en las características imaginadas de su grupo. La pertenencia a un grupo supone adquirir sus características imaginadas desde los diferentes ángulos posibles.

Por ejemplo, los chilangos mexicanos, caracterizados en sus localidades de México como muy emprendedores, muy pícaros, tratando siempre de sacar ventaja respecto a los otros. En las investigaciones de Vila (1999), explica que cuando un chilango entra en Estados Unidos, puede ser visto como un mexicano a secas, porque la categoría regional chilango no tiene ningún sentido para ellos.

Para la Juárez industrial, son los mexicanos sureños los que traen vagancia, pobreza y problemas, pero para El Paso, son todos los mexicanos los portadores de estos estigmas (Vila 1999). De modo que dependiendo del contexto se construyen identidades y alteridades diferenciales percibidas por estereotipos, pero precisadas y matizadas desde el punto de vista del constructor de la identidad.

El prejuicio también dispone de diferentes variantes, según Gaviria, Cuadrado y López Sáez (2009) en tres formas: paternalista, despectivo o envidioso, en base a los niveles de amenaza que supongan para aspectos como la salud, los recursos, los mecanismos de socialización y asimilación de las reglas del grupo receptor, etc.

El prejuicio racial o racismo, ha evolucionado a lo largo de la historia produciendo numerosos matices y corrientes de entendimiento. El racismo “clásico” por ejemplo, se basaba en el material genético para establecer un elemento diferencial absoluto, la dicotomía entre inferioridad/superioridad. La consideración de inferioridad biológica ha servido por ejemplo para legitimar la esclavitud en Europa, para capturar esclavos en los puertos de los litorales africanos, cargarlos en barcos y llevarlos a las Antillas a la explotación de cultivos como el algodón o el azúcar.

Los terribles barcos «negreros»

La creencia de superioridad genética también sirvió de mecanismo en la Alemania nazi para tratar de conservar una considerada raza superior, y eliminar los cuerpos portadores de inferioridad genética como si de una enfermedad de transmisión se tratase.

Sistema de marcas distintivas en campos de concentración nazi. Desde gitanos, judíos, homosexuales, etc.

De entre otros, el antropólogo Franz Boas demostró a través de pruebas empíricas que el término raza no tenía ningún tipo de valor científico para diferenciar a los seres humanos. Más adelante se demostró que no hay diferencias significativas intergrupales en la cadena genética. Por lo tanto, el racismo biológico fue descartado. Estos avances científicos sirvieron para cuestiones como por ejemplo la construcción y legitimación de políticas basadas en las diferencias biológicas, genéticas o intelectuales; hoy en día impensables en occidente, pero con una gran repercusión en su momento.

Gráfico publicado por el gobierno nazi en 1935, explicando los esquemas familiares que determinaban la limpieza de sangre. Ésta es la traducción al castellano.

Es entonces en este punto cuando entran las formas contemporáneas del racismo, donde se incorporan los aspectos culturales para construir el rechazo a las diferencias.

El racismo actual se ha vuelto más sutil, diverge en distintas formas de aplicar matices a nivel personal. Se puede manifestar como el rechazo al considerado como inferior, como la defensa del territorio de la amenaza como cualquier animal territorial, solo que el tratamiento de la amenaza se hace contra miembros de la misma especie. También está el rechazo de la conservación biocultural y, por lo tanto, el rechazo a la diversidad.

El racismo también puede tener bases prehistóricas que se remontan a las relaciones entre grupos del mismo género homo, como los homo sapiens cuando se encontraron con los neandertales. Una de las principales corrientes que tratan de explicar la extinción de éstos últimos es la imposibilidad para convivir entre ambas especies en la lucha por los recursos sumada a la superioridad intelectual del homo sapiens, manifestada en distintos ámbitos de la vida social como la comunicación y la cooperación, que favorecieron la capacidad estratégica para enfrentarse a los fortachones neandertales y poder someterlos.

Aunque en los estudios más recientes se ha demostrado que neandertales y sapiens se reprodujeron entre sí, y por lo tanto la distancia genética era mínima, no queda claro cómo le dieron forma a ese mestizaje. ¿Tal vez por violaciones y raptos como en otros tipos de imposiciones bélicas ya vividas por los humanos? ¿Existía el racismo hace decenas de miles de años?

De lo que no cabe duda es de que las diferencias grupales suponen una amenaza, y de que para beneficiar al propio grupo (endogrupo) no se encuentran demasiados impedimentos en perjudicar al ajeno (exogrupo), como se demostró en los experimentos del paradigma del grupo mínimo. “Esta serie de estudios demuestran que cuando se consigue que las personas se consideren (se categoricen) como miembros de un grupo, aunque sea bajo criterios sin importancia, inmediatamente se produce favoritismo endogrupal (las personas trataran de favorecer a los miembros de su grupo)” (en Gaviria, Cuadrado y López Sáez 2009).

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Verena Stolcke (1999) establece diferencias entre racismo y fundamentalismo cultural, aunque ambas dentro de los tipos de discriminación hacia el grupo ajeno.

Al fundamentalismo cultural se le puede aportar un cariz “tribal”, en el sentido de mostrarse alerta u hostiles frente a los intrusos; como un imperativo territorial. Entonces se trata de demostrar por qué la creencia de un Homo Xenophóbicus atrae tanto al sentido común, al poder materializarse en una cuestión de instinto animal, un mecanismo biológico a favor de la supervivencia.

Según Stolcke: “La xenofobia, una actitud supuestamente inherente a la naturaleza humana, sirve para apoyar el fundamentalismo cultural, justifica la supuesta tendencia de las personas a valorar sus propias culturas con exclusión de las demás, y explica así su incapacidad para la convivencia”. “La xenofobia es al fundamentalismo cultural, lo que el concepto biológico-moral de “raza” es al racismo, a saber, la constante que legitima acudiendo a la naturaleza humana ambas ideologías” (Stolcke 1999).

Parece ser que los humanos somos inherentemente etnocéntricos en cuanto a los modos de vida y mostramos oposición con otras formas de existir que amenazan la propia, incorporando un orden de lo correcto y lo incorrecto subjetivo.

Ambas ideas se oponen a que los seres humanos somos todos iguales y libres por naturaleza, pero lo hacen de manera distinta. Por un lado, está el racismo occidental moderno, que lo enfoca de manera biológica, es decir, las diferencias entre grupos humanos se deben a distintas capacidades intelectuales, morales, etc., que se deben a una inherencia racial, o que se portan intrínsecamente. Desde este pensamiento se ven relegados a los estratos más bajos en las sociedades y también en el pensamiento internacional, como países taller, distintas condiciones laborales y accesos al empleo de calidad, etc.

El fundamentalismo cultural respondería a esta característica xenofóbica del humano que contempla las amenazas de los “intrusos” por un sentimiento nacionalista y cultural propio que no desea ver amenazado. Están los nacionales, que son los ciudadanos, y luego los de fuera, los otros.

Para Andrea Rea (2006) está emergiendo una identidad supranacional en Europa. Por un lado, inmigrantes y descendientes de inmigrantes que tienen a menudo la nacionalidad de su antiguo país de residencia pero que se les niega el reconocimiento de ser verdaderos europeos.

Esta perspectiva concuerda con los resultados del fundamentalismo cultural en políticas internacionales. Un marroquí en Bélgica o España, primero es marroquí, aun teniendo la nacionalidad belga o española.

Otro ejemplo son los derechos para los inmigrantes, que vienen recogidos por unos servicios básicos o derechos básicos, mientras que los nacionales con “carnet” nacional disponen de derechos específicos. Esto es un ejemplo de construcción de la identidad desde los propios derechos a los que se accede; son políticas de la diferencia que afectan a la construcción de la otredad y a la creación de distintos tipos de ciudadanía (Rea 2006).

Los flujos migratorios actuales que provienen de diversos lugares están creando un conglomerado de minorías que están relativamente establecidas en Europa, y que, nada más lejos de ir integrándose o asimilándose, permanecen en una jerarquía estratificada que no hace desaparecer al individuo inmigrante entre la muchedumbre “global”, sino que se establecen en categorías de la identidad y otredad siendo portadores de estigmas. Serían el fruto de una forma de racismo institucional. El Estado y la democracia también pueden ser racistas.

Voy a ir acabando.

Hay más formas de racismo contemporáneo clasificadas, por ejemplo, las de esta exposición categorial que se puede encontrar en Gaviria, Cuadrado y López Sáez (2009), “Introducción a la Psicología Social”. No voy a entrar en grandes detalles, sino en una breve síntesis para describir estas categorías.

Generalmente las formas de discriminación prejuiciosa no están bien valoradas socialmente, y es poco habitual que se manifiesten públicamente, por ejemplo, en programas de televisión. Aflora un género de visión healthy y happy de la diversidad.

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No obstante, la discriminación existe con claridad y entra dentro de la normalidad social si lo miramos desde un punto de vista sociológico. La desaprobación social impide la manifestación pública de la discriminación por prejuicios; sin embargo, la mayoría de sociedades se distribuye por estratos socioeconómicos en los que las minorías étnicas cubren las zonas más bajas.

Las personas blancas no tienen hijos con las personas negras generalmente. Los individuos pueden no considerarse prejuiciosos pese a que en las relaciones sociales de su ecosistema primario (amigos íntimos, pareja, compañeros de trabajo, etc.) es poco habitual encontrar personas afectadas por los estigmas sociales, como personas de minorías étnicas, personas transexuales, personas con discapacidad intelectual, personas en situación de mendicidad, etc.

Es habitual encontrar el discurso individual de la consideración de que todas las personas son iguales, incluso entre los individuos cuyas amistades y entorno social cumplen con algunos patrones sociales y culturales relativamente homogéneos, donde no se terminan de incorporar personas portadoras de diferentes estigmas aunque supuestamente defendidos como iguales.

En fin, paso a sintetizar algunas categorías de los tipos de racismo fruto de las investigaciones desde el punto de vista de la psicología social expuestas en “Introducción a la Psicología Social” (Gaviria, Cuadrado y López Sáez 2009). Es necesario saber que algunos de estos estudios se realizaron en EEUU, por lo que puede haber diferencias y matices en la conceptualización e identificación propia dependiendo de vuestros lugares de pertenencia. Lo digo porque la página “Actividad Antropológica” la visitan desde múltiples países. Como únicamente es un ejercicio para satisfacer la curiosidad, nos sirve perfectamente.

Podéis ir aplicando vuestros pensamientos y comportamientos a estas categorías, a ver si conseguís identificaros con alguna de ellas, o de las que ya se han citado: fundamentalismo cultural y racismo clásico/tradicional. Al final de esta parte podréis señalar la opción con la que más os identifiquéis (o con ninguna de ellas).

EL RACISMO AVERSIVO

En este tipo de racismo la persona no se considera prejuiciosa, se adhiere a principios no discriminatorios; sin embargo, siente incomodidad, incluso en ocasiones miedo cuando se relaciona con miembros del exogrupo minoritario.

Su consideración es la prioridad por beneficiar a los miembros de su propio grupo más que un rechazo manifiesto de los que considera del grupo ajeno.

No defiende una inferioridad genética, pero sí una superioridad cultural de los blancos (o de los miembros de otro grupo de pertenencia).

  • En contraste con los racistas tradicionales, defienden un tratamiento igualitario y justo hacia todos los grupos.
  • A pesar de sus buenas intenciones conscientes, inconscientemente experimentan incomodidad hacia los negros (u otros grupos minoritarios), por lo que intentan evitar contactos interraciales.
  • Cuando el contacto interracial es inevitable, experimentan ansiedad e incomodidad, por lo que tratan de retirarse de la situación en cuanto les es posible.
  • Como parte de su incomodidad se debe a la preocupación por comportarse de forma inapropiada y prejuiciosa, se adhieren estrictamente a reglas y códigos de conducta establecidos en las situaciones interraciales que no pueden evitar.
  • De forma consciente, y cuando les sea posible controlar la adecuación de su conducta, tratarán de no discriminar (en Gaviria, Cuadrado y López Sáez 2009, p. 365).

EL RACISMO MODERNO

  • La defensa de los valores tradicionales de la ética protestante (libertad de elección individual, igualdad de oportunidades, esfuerzo y autodisciplina).
  • La creencia de que los afroamericanos (u otros grupos minoritarios) no respetan estos valores y se aprovechan de la «discriminación positiva».
  • La existencia de un afecto negativo difuso hacia los miembros de los grupos minoritarios, como consecuencia de largos años de racismo institucional.

Los racistas modernos se caracterizan por:

  • No considerarse racistas, ya que sus creencias son hechos objetivos.
  • Identificar el racismo con las características del prejuicio tradicional (creencia en la inferioridad genética de los grupos minoritarios, o el apoyo a la segregación).
  • Considerar que en la actualidad no existe discriminación hacia los grupos minoritarios (tienen igualdad de oportunidades en el mercado laboral y en la sociedad en general).
  • Creer que las demandas de estos grupos son excesivas y que se les da más de lo que merecen (en Gaviria, Cuadrado y López Sáez 2009, p. 368-369).

EL RACISMO AMBIVALENTE

Los racistas ambivalentes experimentan un conflicto emocional entre sentimientos positivos y negativos hacia grupos raciales estigmatizados. Se trata, por una parte, del igualitarismo, es decir, de la defensa de valores democráticos, igualitarios y humanitarios que lleva a los americanos a simpatizar y empatizar con los negros por el trato injusto que han recibido a lo largo del tiempo. Y, por otra, del individualismo, basado en los principios de la ética protestante, según la cual cada uno es responsable de su propio destino. Ello favorece que se realicen atribuciones internas de la situación desfavorable en la que se encuentran los afroamericanos (en EEUU): desempleo, delincuencia, etc., es decir, que se busque la explicación en sus características personales.

La existencia simultánea de estas dos actitudes opuestas genera ambivalencia. Dicha ambivalencia puede provocar una amenaza a la autoestima, ya que entran en contradicción el autoconcepto de personas igualitarias y humanitarias con los sentimientos negativos experimentados hacia las minorías por no respetar los principios individualistas (en Gaviria, Cuadrado y López Sáez 2009, p. 370).

MODELO DE PREJUICIO SUTIL Y MANIFIESTO

Los autores del modelo (Meertens y Pettigrew, 1997; Pettigrewy Meertens, 1995) realizan una distinción entre dos tipos de prejuicio: el manifiesto y el sutil. El primero se corresponde con el prejuicio antiguo o tradicional, y se caracteriza por el rechazo abierto del exogrupo y la percepción de amenaza a los recursos del endogrupo (económicos o sociales), así como por el rechazo al contacto y a las relaciones íntimas o cercanas (intimidad con el exogrupo. Algunos items que miden estos aspectos son: “Los inmigrantes que viven aquí no deberían meterse donde no se les quiere (locales públicos, pisos, asociaciones, comercios, etc.)”, “los inmigrantes ocupan puestos de trabajo que deberían ser ocupados por ciudadanos españoles (modificad el ejemplo a vuestro país)”.

No obstante, la principal aportación de estos autores se encuentra en su concepción del prejuicio sutil. Al igual que el racismo moderno, el prejuicio sutil también se basa, en parte, en una defensa de los valores tradicionales, junto con la percepción de que el exogrupo minoritario no los respeta y está recibiendo favores inmerecidos. Los valores considerados por estos autores como tradicionales e importantes para el endogrupo se corresponden fundamentalmente con los ligados al éxito a través del esfuerzo y el sacrificio personal, característicos de la ética protestante del trabajo. Por ejemplo, “si los inmigrantes se quisieran esforzar un poco más, podrían estar tan acomodados como los ciudadanos españoles (modificad el ejemplo a vuestro país)”.

Pero, además, Petiigrew y Meertens proponen que el racista sutil tiene una percepción exagerada de las diferencias culturales entre el endogrupo mayoritario y el exogrupo minoritario (en ámbitos como religión, lengua, valores, hábitos sexuales, etc.). Esto le permite justificar la situación de inferioridad social del exogrupo, porque percibe una inferioridad cultural en lugar de genética (en Gaviria, Cuadrado y López Sáez 2009, p. 372-373).

Tal y como he señalado al inicio, este ejercicio no se trata de establecer un orden de lo correcto o lo incorrecto, ni juzgar en ningún caso cualquier tipo de pensamiento.

El racismo, como hemos visto tiene diferentes formas, desde las más clásicas a las más sutiles, y se alimenta de mecanismos tanto de la idiosincrasia humana como de la posición social y la dimensión desde la cual se construyan las identidades ajenas.

Cabe destacar que el racismo es móvil, es flexible, permeable y le afectan los cambios, las apreciaciones personales, la información, las situaciones cotidianas y la experiencia personal. Es decir, considero que no se es racista per se o se deja de serlo, los pensamientos y las actitudes dirigidas hacia los grupos ajenos pueden modificarse, están sometidos al cambio también a nivel individual basándose en la experiencia vivida, fluyen y van cambiando de posición a lo largo del tiempo.

El racismo se puede acercar a una conceptualización centrada en una serie de pensamientos y actitudes dirigidas hacia los exogrupos, basadas en la experiencia propia con la información que disponemos a nuestro alcance y que es más accesible en la memoria para dar forma a las características de un grupo en realidad desconocido, construyendo así los mecanismos del estereotipo.

Finalmente, les dejo que señalen con cuál de las conceptualizaciones del racismo (u otras opciones) se sienten más identificados. No tiene mayor objetivo que la curiosidad antropológica, no se le dará ningún otro uso a esta información y por supuesto la elección es privada.

Os dejo dos simples y otra compleja.

Cabe destacar que las distintas formas de pensamiento prejuicioso también tienen diferentes resultados en la vida social, tanto si provienen de un nivel individual, como grupal, como institucional. Si el pensamiento y el sentimiento dan forma a la acción, teniendo en cuenta que los pensamientos y sentimientos evolucionan, la acción dirigida a las relaciones intergrupales también puede cambiar, favoreciendo resultados diferentes en todos los ámbitos de la vida social.

Si algo han demostrado los seres humanos en su paso por la Tierra es su capacidad adaptativa, capacidad que se podría elevar a la categoría de especie y no de individuos o de grupos para dar forma a la vida “global” que se avecina, en la que vamos a tener que convivir sí o sí. La posición no tiene por qué ser ideológica, sino basarse en una medida de niveles de sufrimiento humano multidimensionales, y aplicar los cambios necesarios en nuestra acción social para tratar de reducirlos.

BIBLIOGRAFÍA

  • GAVIRIA, E., CUADRADO, I. y LÓPEZ SÁEZ, M. 2009. “Introducción a la Psicología Social”, Ed. Sanz y Torres, Madrid.
  • REA, A. 2006. “La europeización de la política migratoria y la transformación de la otredad”, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, pp. 157-183.
  • RIVAS, A. y JOCILES, M. I. 1993. “La creación de fronteras entre los antropólogos del estado español”, Revista de antropología social, núm. 2. Editorial Complutense, Madrid.
  • STOLCKE, V. 1999. “La nueva retórica de la exclusión en Europa”. Traducción resumida de Stolcke, Verena. 1999. “New rhetorics of exclusion in Europe” International Social Science Journal, March, Volume 51, Issue 159 (pages 25–35).
  • VILA, P. 1999. “Construcción de identidades sociales en contextos transnacionales: el caso de la frontera entre México y los Estados Unidos”, Traducción de Vila, Pablo. 1999. “Constructing social identities in transnational contexts: the case of the Mexico–US border” International Social Science Journal, March, Volume 51, Issue 159, pages 75–87. Cultural.»  

2 comentarios

  • Hola,
    Creo que sí que tengo prejuicios, pero igualmente no me consideraría una persona racista. Pienso que no se pueden evitar los prejuicios en muchas situaciones, incluso en ocasiones pueden ser de utilidad, como por ejemplo para observar a una persona “con malas pintas” que puede ser alguien que te puede atracar o algo peor por la calle cuando vuelves a casa de noche sola.
    En ocasiones puede ser un mecanismo de defensa preventivo.
    Saludos.

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    • Nada que rebatir por aquí Laura.
      En realidad, no estoy de acuerdo con el concepto de “racista” como categoría universalizable o aplicable por igual a un conjunto de personas. El título simplemente es para introducir un nexo conceptual del que poder hablar.
      Yo tampoco creo que tener algunas formas de prejuicio sea un sinónimo de ser una persona racista.
      Tal vez con una gran acumulación de prejuicios se pueda considerar la idea, tal vez no. No hay una herramienta científica para medir esto. De ahí a la posibilidad del artículo para la autodenominación.
      Saludos.

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