APRENDIZAJE SITUADO | PÍLDORA ANTROPOLÓGICA | AUDIO

Serie «Píldoras Antropológicas», por Ángel Díaz de Rada.

Más material sobre aprendizaje situado, en este caso en formato audio por el antropólogo Ángel Díaz de Rada.

Hay subido bastante material sobre aprendizaje situado en el apartado de literatura sobre Antropología de la Educación y de la Escuela de esta página.

Es curioso que hace poco pregunté a una antropóloga inmersa en las investigaciones sobre escuela, educación y migración, si conocía algún colegio o instituto que utilizase el «aprendizaje situado» como base metodológica para el aprendizaje de sus alumnos. Muy a su pesar me dijo que al menos ella no conocía. Pedagogía, pedagogía y más pedagogía entre cuatro paredes, = a desigualdad, porque cada chaval es de su madre y de su padre, y universalizar aprendizajes objetivados como adecuados en un catálogo limitado de cosas evaluables es una broma si desde ahí pretenden alcanzar la igualdad, o la equidad, la broma es la misma. Cuando la escuela ponga el foco en las cosas que les suceden a sus alumnos en el exterior de la misma y se nutra de lo que allí sucede estaremos ya en una distopía novelesca irreversible.

En realidad la escuela es una guardería para adolescentes supeditada a los procesos de producción de sus padres, por eso no los sacan al exterior como forma de aprendizaje cotidiano, allí donde encuentren a esos maestros legitimados a los cuales observar desde su periferia y en espacios que permitan depositar el conocimiento con un objetivo práctico; 5 o 6 horas al día sería imposible de sostener. Aprender para olvidar es un wtf en toda regla.

Bajo mi punto de vista la figura del profesor no es ni siquiera imprescindible en algunas de sus competencias. Con que existan unas figuras de autoridad que conozcan el medio sociocultural en el que habitan y conduzcan a los jóvenes a los lugares donde ocurren las cosas, laborales o no, filosóficas, biológicas, sociales, lingüísticas, y les introduzcan con un rol determinado y que vayan incrementando su responsabilidad lenta y progresivamente en múltiples comunidades de prácticas, suficiente.

Este proceso de aprendizaje social no tiene por qué durar 6 horas al día, con la mitad sobra; se trata de activar una forma de necesidad de conocimiento para resolver los problemas de los lugares donde participas activamente; los jóvenes necesitarán el conocimiento para resolver los problemas diarios de sus comunidades de práctica, todo conocimiento tendrá una función práctica, sincrónica y adaptada a su necesidad material, además les pones la pelota en su tejado. Aunque dudo que se vayan a cambiar los procesos de producción a favor del tiempo para educar a los hijos.

Esto no es ninguna fantasía. En mi caso que he trabajado con jóvenes con comportamientos disruptivos en un centro externo a la escuela, he podido comprobar que cuando una joven quiere ser peluquera, si la colocas en una peluquería necesita aprender para progresar, y en este caso acababa por atosigar a preguntas a la peluquera profesional, mientras mis compañeras y yo nos preguntábamos ¿dónde están las conductas disruptivas? Perdida inicialmente en el lugar donde ella ha querido estar, requiere de observación, atención, concentración, feedback; habilidades sociales para atender a las clientas supervisadas y modeladas por la profesional, desarrollar mecanismos propios para asumir la progresiva responsabilidad que la peluquera aliada le iba proporcionando. Todo esto al margen de la ley con una niña de 13 años. Curioso es que una peluquera colombiana que atravesó un proceso migratorio a la que no conocíamos de nada arriesgase más enseñando a una chiquilla en su local, que le generaba más trabajo que otra cosa, que la propia escuela, lugar donde se respira la pedagogía en cada rincón. Simplemente le contamos la historia de la chiquilla y le pedimos ayuda egoístamente, sin cobrar ni un duro. Aceptó, y esa niña 10 años después es peluquera. Toda una paradoja sobre la educación y la escuela. Tengo la cartera llena de estos ejemplos.

Lo mismo ocurría con el que quería desarrollar videojuegos al que se le puso un programador voluntario, el que quería ser restaurador de muebles antiguos de su barrio y que se le llevó a uno de los dos talleres de restauración existentes en la zona, donde conoció a un ebanista que le dijo que no tenía hijos ni familia que quisiera heredar su conocimiento, y que si se quería implicar tenía su puerta abierta. El que quería ser boxeador, pizzero, policía, hortelana, mecánico, diseñadora gráfica. Así año tras año, saltándonos a veces la ley que nos impedía como educadores vinculados a un proyecto de la Consejería de Educación reducir el horario escolar, y que los alumnos estuviesen fuera del centro, literalmente para que no diesen guerra por la calle.

Pues bien, no todos, no voy a engañar a nadie, para algunos fue demasiado tarde, y eso que tenían, estoy hablando de decenas de chavales en unos cuantos cursos escolares, de entre 12 y 15 años. Sin embargo, el pizzero está haciendo pizzas, el mecánico arreglando coches, la peluquera peinando a la gente, la diseñadora graba y edita vídeos de bodas y anuncios publicitarios, el policía está, 10 años después todavía esforzándose por la oposición. Y así con muchos más.

¿Dónde estaban los comportamientos disruptivos que nos vendieron desde la pedagogía y la psicología escolar como una parte intrínseca de la personalidad de estos jóvenes? Sólo en los procesos de aprendizaje escolares, en el aprendizaje situado no.

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