El bueno de Marvin Harris entra en esta serie de definiciones con una formulación que, aunque muy influyente, presenta algunos problemas claros desde el punto de vista metodológico. Entender la cultura como un estilo de vida “total”, socialmente adquirido, plantea una dificultad inmediata: ¿cómo se observa una totalidad social? ¿En qué lugar concreto, en qué momento preciso, puede un antropólogo registrar algo así?
La observación empírica no opera sobre totalidades abstractas. Lo que sí puede observarse —aunque nunca de manera exhaustiva— son los modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar, siempre situados en un contexto concreto y en un tiempo determinado. Es decir, fragmentos de acción social, no un “todo cultural” cerrado y coherente.
Además, esta formulación hereditaria de la cultura no termina de dar cuenta de su dinamismo. La cultura no es un bloque estable que se transmite intacto, sino un proceso en permanente transformación. Se nota que esta definición tiene ya sus décadas. Pensemos, por ejemplo, en un espacio urbano contemporáneo: un barrio de Granada con comercios de productos árabes, bares tradicionales, restaurantes latinoamericanos, locales asiáticos y vecinos de orígenes nacionales muy diversos. ¿Cuál sería ahí el “estilo de vida total” observable?
La respuesta es sencilla: no existe. En un mismo espacio de convivencia coexisten múltiples modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar, que no convergen en una unidad cultural objetivable. Lo que hay es diversidad simultánea, superposición de prácticas y significados, y relaciones sociales que se entrecruzan sin formar un todo homogéneo.
En este hiperespacio posmoderno, la cultura entendida como si se tratase de un grupo aislado, insular y coherente simplemente no existe. Lo comentaba hace poco con unos amigos cuando les dije, sin anestesia, que la cultura española no existía. Poco les faltó para lanzarme el cubata a la cabeza al unísono. Me quedé solo ante el peligro, rodeado de hienas sedientas de sangre.
Pero la pregunta sigue siendo pertinente: ¿qué tiene que ver la Zowi con el imán de la mezquita de mi barrio? Probablemente muy poco en términos de “modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar”. Y, sin embargo, ambos son españoles, enculturados en el mismo espacio geográfico. La conclusión es incómoda, pero clara: la cultura española, entendida como un estilo de vida total, no existe.
BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS
HARRIS, Marvin, et al (1990). Antropología cultural. Madrid: Alianza editorial.
Harris, M., & Del Toro, R. V. (1999). El desarrollo de la teoría antropológica: historia de las teorías de la cultura. Madrid, España: Siglo xxi.
Harris, M. (1994). Nuestra especie. St. Martin’s Press.
Harris, M., & Fernández, J. O. S. (1998). Vacas, cerdos, guerras y brujas. Madrid: Alianza.
Harris, M. (1998). Caníbales y reyes: Los orígenes de las culturas. Madrid: Alianza.
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