LA ERA CENOZOICA EN 3 BREVES VÍDEOS DE 10 MINUTOS: EL AUGE DE LOS MAMÍFEROS

Si la historia de la Tierra fuese una serie de Netflix, la era Cenozoica sería esa temporada en la que cambian los protagonistas y, de repente, la trama se vuelve más “doméstica”, más cercana… y mucho más peluda.

Después del meteorito que puso punto final al reinado de los dinosaurios hace 66 millones de años, el escenario quedó libre. Vacío. Con nichos ecológicos esperando inquilinos. Y ahí entraron los mamíferos, pequeños, discretos, nocturnos… pero con un as bajo la manga: sangre caliente, cerebros relativamente grandes y una plasticidad evolutiva brutal.

El mundo después del apocalipsis

La Cenozoica —la “era de los mamíferos”— abarca desde hace 66 millones de años hasta hoy. Durante este larguísimo periodo, el planeta se enfría progresivamente, se levantan cordilleras como los Alpes o el Himalaya, cambian las corrientes oceánicas y aparecen grandes praderas.

Es un mundo en transformación constante. Y cada transformación es una oportunidad evolutiva.

Los mamíferos se diversifican: aparecen formas gigantescas, depredadores especializados, herbívoros de gran tamaño. Ballenas que vuelven al mar, caballos que se adaptan a las llanuras, primates que empiezan a explorar la vida en los árboles.

Y en algún punto del Este de África, millones de años después, empieza a asomar la cabeza algo diferente.

Ahí entra en escena el Australopithecus afarensis, uno de los primeros homínidos con bipedestación habitual. No era humano, pero ya no era simplemente “otro primate”.

La bipedestación no es un detalle menor. Caminar erguido libera las manos. Libera el campo visual. Cambia la pelvis, la columna, la forma de relacionarse con el entorno. Es una revolución anatómica y ecológica.

Recordemos las tres grandes características que solemos asociar al ser humano:

  • Bipedestación
  • Expansión del cerebro
  • Fabricación sistemática de herramientas

En el caso de estos primeros homínidos, el primer paso fue literal: ponerse de pie.

Las huellas que cambiaron la historia

La paleoantropóloga Mary Leakey encontró en la Garganta de Olduvai y en la zona de Laetoli pruebas fundamentales para comprender esa bipedestación temprana. Las famosas huellas fosilizadas, con unos 3,6 millones de años, mostraban una marcha sorprendentemente similar a la nuestra.

Foto 1. Mary Leakey junto a un perfil estratigráfico. Foto 2. Louis y Mary Leakey excavando en Olduvai, Tanzania (años 60).

No estamos hablando de un simio tambaleante. Estamos hablando de alguien que ya caminaba con una biomecánica reconocible.

Y luego está Lucy.

Lucy (AL 288-1), esqueleto parcial de Australopithecus afarensis descubierto en Hadar (Etiopía) en 1974, junto a las huellas fosilizadas de Laetoli (Tanzania), datadas en ~3,6 millones de años, una de las primeras evidencias claras de bipedestación en homínidos.

El esqueleto parcial descubierto en 1974 en Etiopía se convirtió en el icono del Australopithecus afarensis. Su capacidad craneal rondaba los 400–500 cm³ (muy lejos aún de nuestros 1.300–1.400 cm³), medía alrededor de un metro de altura si era hembra y algo más si era macho, y su dieta era principalmente vegetal, probablemente complementada de forma oportunista.

Dos posibles rostros de Lucy. Los huesos son los mismos; el rostro, en parte, es hipótesis. La paleoantropología nos da estructura, pero la cara depende también de la interpretación artística.

Pero lo importante no es cuánto medía. Lo importante es que ya caminaba erguida.

La Cenozoica como laboratorio evolutivo

Lo fascinante de esta era es que funciona como un laboratorio gigantesco. Sin dinosaurios dominando el paisaje, los mamíferos experimentan. Se expanden. Se adaptan.

Aparecen los primeros primates verdaderos. Se diversifican en monos, simios y, mucho más tarde, en homínidos. La separación entre nuestra línea evolutiva y la de los chimpancés ocurrirá millones de años después de Lucy.

Es decir: cuando vemos al Australopithecus afarensis, estamos ante una pieza temprana de un proceso larguísimo, lleno de bifurcaciones, extinciones y callejones sin salida.

Nada estaba predestinado. Nada garantizaba que ese primate bípedo fuese a terminar dominando el planeta.

Tres vídeos, millones de años

Os dejo estos tres vídeos del canal de Youtube Pero eso es otra Historia porque me parecen especialmente entretenidos e ilustrativos. Divide en tres episodios la era Cenozoica. El recorrido es vertiginoso: cambios climáticos, glaciaciones, expansión de ecosistemas, auge y caída de especies.

Y en medio de todo eso, casi como un cameo evolutivo, aparece ese primer homínido.

Esa figura pequeña, con cerebro modesto, que aún no fabricaba herramientas complejas ni escribía tratados de antropología, pero que ya había dado el paso decisivo: ponerse en pie.

La Cenozoica no es solo la era de los mamíferos. Es la era en la que el planeta se convirtió en el escenario perfecto para que, millones de años después, alguien se preguntara de dónde viene.

Y eso, para quienes disfrutamos mirando atrás en el tiempo profundo, tiene algo de misterio, ciencia, belleza y magia.


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