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Este post nace a partir de una entrevista a María Alejandra Martínez dentro del podcast El Libro Rojo. Os dejo el audio al final; antes, merece la pena detenerse en lo que aquí se pone en juego. Porque esta conversación es, en realidad, una puerta de entrada perfecta a lo que entendemos por Antropología Médica.
La antropología médica es una subdisciplina que estudia cómo los distintos grupos entienden la salud, la enfermedad y el cuerpo. No se limita a describir prácticas “exóticas” o tradicionales, sino que analiza también nuestra propia biomedicina como un sistema cultural más, con sus categorías, sus límites y sus formas de producir verdad. Dicho de otro modo: no hay una única manera “neutral” de enfermar o de curar.
Desde esta perspectiva, la enfermedad no es solo un fenómeno biológico, sino también una experiencia cargada de significado. Importa tanto el virus o la bacteria como la interpretación que el paciente hace de lo que le ocurre. Y esa interpretación puede transformar el curso mismo del padecimiento.
Para verlo en lo cotidiano, no hace falta irse muy lejos. Pensemos, por ejemplo, en algo tan común como un resfriado. Hay quien lo entiende como un proceso natural que “hay que pasar”, evitando medicarse salvo que sea necesario; otros recurren rápidamente a fármacos para cortar los síntomas; y otros activan remedios heredados —infusiones concretas, caldos, reposo ritualizado— que no solo buscan aliviar el cuerpo, sino también restablecer un cierto orden doméstico. No cambia el virus, pero sí la forma de vivir la enfermedad.
Otro ejemplo: el dolor de espalda. Para algunos será una cuestión puramente física (postura, sobrecarga, sedentarismo); para otros, especialmente en ciertos discursos más extendidos hoy, puede interpretarse como una manifestación del estrés, de “cargar con demasiado” en la vida. En ambos casos, el tratamiento no será exactamente el mismo: fisioterapia y antiinflamatorios, sí, pero también cambios en el ritmo vital, descanso o incluso terapias alternativas. El cuerpo aquí funciona también como lenguaje.
La Antropología Médica, también puede acusar a la biomedicina de localizacionismo. Es decir, localizan un padecimiento y a través de unos manuales legitimados ofrecen un remedio contrastado por la ciencia para su alivio o reparación. No obstante, no se paran a evaluar ni escuchar (en las consultas) los componentes sociales y culturales que pueden andar detrás del dolor, en el que se encuentran perspectivas de género, estratos socio-económicos, estilos de vida, aspectos religiosos, roles familaires, y un largo etcétera.
Aquí es donde la entrevista con Martínez resulta especialmente potente. Como médica de familia, trabaja en contextos pluriculturales donde los pacientes no siempre comparten el marco biomédico dominante. En el episodio se aborda, por ejemplo, la presencia de los jinn como explicación de ciertos malestares físicos y mentales.
Y esto no es un detalle menor.
Porque cuando alguien entiende su enfermedad como el resultado de la acción de un espíritu, no solo cambia el relato: cambian las expectativas, la adherencia al tratamiento y la propia vivencia del dolor. Lo que para un médico puede ser una gripe o una migraña, para el paciente puede formar parte de una cosmología en la que humanos y entidades no visibles cohabitan e interactúan.
Ahí entra en juego la antropología médica aplicada: la capacidad de traducir entre mundos sin invalidar ninguno de ellos. No se trata de elegir entre ciencia y creencia, sino de entender cómo ambas dimensiones se entrelazan en la práctica clínica real.
Si el padecimiento se relativiza, también lo hace el tratamiento.
Y entonces aparece una pregunta incómoda: ¿puede un mismo medicamento no funcionar igual en distintos pacientes en función de cómo entienden su enfermedad? La respuesta apunta a una interacción compleja entre lo fisiológico, lo psicológico y lo cultural. No es solo química: es contexto, expectativa, sentido.
En este punto, la figura del chamán en sociedades como las de Groenlandia o Siberia deja de parecer tan lejana. Al igual que ciertos especialistas rituales, el médico también opera como mediador: no solo administra fármacos, sino que gestiona significados, diagnósticos y narrativas sobre el cuerpo.
El Libro Rojo, dirigido por Ritxi Ostáriz, se mueve precisamente en ese terreno: filosofía, historia, símbolos, mitos. Un espacio donde lo sagrado no desaparece, sino que se transforma y se materializa en experiencias de diferentes personas que acuden a sus micrófonos.
Como plantea el propio episodio:
¿cómo conviven las creencias tradicionales —como la posesión por jinn en el islam— con la medicina moderna?
En fin, muy recomendable.
El Libro Rojo: https://www.ivoox.com/podcast-libro-rojo-ritxi-ostariz_sq_f1247066_1.html
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