DEFINICIONES Y CONCEPTOS DE CULTURA 2: RUTH BENEDICT

Ruth Benedict y la cultura como configuración de personalidad

En el marco de la antropología norteamericana de la primera mitad del siglo XX, Ruth Benedict desarrolló una concepción de la cultura estrechamente vinculada a la corriente conocida como Cultura y Personalidad. Frente a definiciones de cultura centradas en inventarios de rasgos, costumbres o técnicas, Benedict propuso entender la cultura como una configuración coherente de comportamientos, análoga a la forma en que la personalidad organiza las conductas del individuo.

Esta perspectiva hunde sus raíces en una dualidad teórica heredada de la tradición occidental: cuerpo y mente, individuo y sociedad, naturaleza y cultura. En lugar de resolver esa dualidad reduciendo la cultura a un simple reflejo biológico o psicológico, Benedict dio un paso intermedio: trasladó la lógica de la personalidad individual al plano colectivo. Así, cada cultura selecciona, refuerza y normaliza ciertos rasgos humanos posibles, mientras inhibe otros, generando patrones de comportamiento reconocibles y relativamente estables.

Desde esta óptica, la cultura no es una suma caótica de prácticas, sino una forma, una pauta, una orientación general del comportamiento social. Benedict hablaba de configuraciones culturales del mismo modo que la psicología habla de estilos de personalidad.

En Patterns of Culture (1934), Benedict comparó distintas sociedades para mostrar cómo cada una organiza de manera distinta el repertorio humano posible.

Uno de los casos más conocidos es el de los Zuñi, a quienes describió como una sociedad que valoraba la moderación, la armonía social y el autocontrol emocional. En este contexto cultural, la agresividad abierta, la competitividad extrema o la exaltación individual eran vistas como comportamientos desviados. La “personalidad cultural” zuñi favorecía la cooperación y la contención.

En contraste, Benedict analizó a los Kwakiutl de la costa noroeste de América del Norte, donde la ostentación, el desafío y la competencia ritualizada (como en el potlatch) ocupaban un lugar central. Aquí, la exhibición de poder y el exceso no solo eran aceptables, sino socialmente prestigiosos. La misma capacidad humana para competir o dominar adquiría sentidos opuestos según la configuración cultural.

El punto clave no es que los individuos carezcan de variabilidad, sino que la cultura actúa como un marco que orienta qué rasgos se consideran normales, deseables o patológicos.

Cómo es el concepto llevado a la vida cotidiana

Esta idea resulta fácil de comprender si se traslada a la vida cotidiana. Pensemos en dos entornos laborales distintos. En uno, se valora hablar alto en reuniones, destacar logros personales y competir por reconocimiento. En otro, se espera discreción, trabajo silencioso y consenso antes de hablar. Las personas no cambian biológicamente al cruzar la puerta, pero el contexto cultural moldea qué comportamientos “encajan” y cuáles generan incomodidad.

Algo similar ocurre con la expresión emocional. En algunas familias o entornos sociales, mostrar tristeza o enfado en público se considera natural; en otros, se percibe como una debilidad o una falta de autocontrol. No se trata de personalidades individuales aisladas, sino de estilos colectivos que enseñan cómo sentir, expresar y actuar.

Desde esta perspectiva, la cultura funciona como una pedagogía silenciosa del comportamiento.

Benedict no afirmaba que una cultura piense o sienta literalmente como un individuo, sino que opera de manera estructuralmente similar. Así como la personalidad organiza impulsos, emociones y conductas en una persona, la cultura organiza prácticas, valores y normas en un grupo.

Esta analogía fue enormemente influyente porque permitió explicar la coherencia interna de las culturas sin recurrir al determinismo biológico ni a la idea de tradiciones inmutables. Al mismo tiempo, sentó las bases para pensar la diversidad cultural como diversidad de estilos humanos posibles, no como desviaciones respecto a un modelo universal.

Aunque posteriormente esta corriente fue criticada por su tendencia a simplificar o esencializar culturas complejas, el aporte de Benedict sigue siendo fundamental: entender la cultura como una forma activa de organización del comportamiento, no como un simple repertorio de costumbres heredadas.

Desde la mirada de Ruth Benedict, la cultura no es un decorado ni un conjunto de reglas externas, sino una configuración viva que orienta cómo se es persona dentro de un grupo. No determina cada acción individual, pero sí establece el horizonte de lo normal, lo aceptable y lo significativo. Pensar la cultura como una “personalidad grupal” no significa psicologizarla, sino reconocer que toda sociedad, como todo individuo, selecciona un estilo entre muchas posibilidades humanas.

Seguiremos avanzando a lo largo de las décadas para ver cómo han ido evolucionando estos conceptos.

BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS

Benedict, R. (2019). Patterns of culture. Routledge.


Benedict, R. (2022). El crisantemo y la espada: patrones de la cultura japonesa. Alianza editorial.


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2 comentarios sobre “DEFINICIONES Y CONCEPTOS DE CULTURA 2: RUTH BENEDICT

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    1. Hola JaviAn.
      De ser una identidad grupal, ¿cuál sería el elemento homogeneizador de esas dos naciones?
      Al fin y al cabo una identidad es un recipiente, un molde inflexible para dar forma a una característica principal de una persona o grupo.
      Las personas y los grupos tienen identificaciones múltiples, no identidades.

      Saludos.

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