Para Ruth Benedict, la cultura no es una suma de costumbres aisladas, sino una configuración coherente de comportamientos que orienta la vida colectiva del mismo modo que la personalidad organiza la conducta individual. Cada sociedad selecciona y refuerza ciertos rasgos humanos posibles, generando estilos culturales reconocibles que moldean lo que se considera normal, deseable o desviado.











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