Voy a pegar tan solo una parte de la conferencia, la que me parece más interesante. Al final del post dejo el enlace donde aparecen todos los vídeos completos, con más participantes y perspectivas.
En la conferencia de Honorio Velasco Maíllo, titulada “¿Límites de lo humano?”, se plantea una cuestión tan incómoda como necesaria: hasta dónde puede (y debe) llegar el ser humano. No solo en términos de capacidad, sino también de legitimidad.
Porque una cosa es poder… y otra muy distinta es deber.
Desde la antropología, pero dialogando constantemente con la filosofía y la ética, Velasco recorre terrenos donde lo humano empieza a desdibujarse: manipulación genética, inteligencia artificial, identidades transhumanas, exploración espacial… ámbitos en los que los límites entre lo posible, lo deseable y lo aceptable ya no están nada claros. Y aquí está lo interesante: no se trata solo de tecnología. Se trata de responsabilidad. De qué hacemos con el poder que tenemos. De cómo nos pensamos como especie.
En ese sentido, la conferencia no da respuestas cerradas (por suerte), pero sí lanza una idea potente: sin un diálogo real entre disciplinas —ciencia, ética, cultura— vamos bastante vendidos.
Ahora bien, hay un momento especialmente llamativo cuando se menciona ChatGPT. Da la sensación de que se le resta algo de importancia… como si todavía estuviéramos en fase de “ya veremos”. Spoiler: no estamos en “ya veremos”.
La IA ya está metida de lleno en la universidad, pero no como tema de debate, sino como herramienta práctica para sobrevivir (o directamente para optimizar el mínimo esfuerzo). Hace poco me llegó el audio de una chica que ofrece sus servicios para realizar evaluaciones continuas, TFG y TFM. Todo perfectamente organizado: contrato, tarifas (unos 700€ por un TFM), entregas por fases, plazas limitadas… profesionalización total.
Y aquí viene el giro: el uso de herramientas como ChatGPT no es accesorio, es central. No solo acelera el proceso, sino que abre directamente la puerta a este tipo de “nuevas profesiones”.
He hablado con varias personas que están cursando el máster de profesorado y el patrón se repite: el objetivo es el título, no el proceso. No el aprendizaje. El título. Y si se puede conseguir en menos tiempo, con menos esfuerzo y con buenos resultados, mejor.
¿El argumento? Bastante crudo, pero honesto: lo que realmente necesitarán para ejercer lo aprenderán después, en el trabajo real. El máster es un trámite.
En la práctica, el uso de la IA es bastante sistemático:
– Resúmenes automáticos de textos largos
– Generación de trabajos a partir de referencias bibliográficas
– Reescritura rápida para “personalizar” el resultado
– Resolución instantánea de test online
En cuestión de minutos, tienen una entrega lista, funcional y, lo más importante, evaluada positivamente.
¿Esto va a cambiar el paradigma educativo?
Ya lo está cambiando.
Algunos profesores son conscientes y empiezan a mover ficha. Otros van bastante por detrás. Pero la dinámica es la de siempre: hecha la ley, hecha la trampa… y viceversa.
Y aquí volvemos al inicio.
Porque quizá el verdadero límite de lo humano no esté en la tecnología que desarrollamos, sino en cómo decidimos usarla.
https://canal.uned.es/video/64463e803056d55e3c2fc212
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