DEFINICIONES Y CONCEPTOS DE CULTURA 6 Y 7: RADCLIFFE-BROWN Y LA RAE

Hoy, por partida doble, exploro de forma sintética dos definiciones de cultura muy distintas entre sí —la de A. R. Radcliffe-Brown y la de la Real Academia Española— para observar cómo influyen, o no, en la manera en que un antropólogo, investigador o curioso de la observación puede enfrentarse al trabajo de campo.

En primer lugar, el concepto de cultura de Radcliffe-Brown presenta un aspecto especialmente interesante: afirma que existen realmente redes de relaciones sociales. Y si existen, entonces son, al menos en principio, observables. Hasta aquí, el planteamiento resulta sólido. El problema aparece cuando el autor da un paso más y sostiene que esas redes de relaciones conforman una estructura social.

Aquí es donde surge una dificultad metodológica de fondo. Imaginemos que bajo al campo y me planteo: «voy a observar la estructura social de mi pueblo a través de su red de relaciones». ¿Por dónde empiezo? ¿Dónde empiezan y terminan los límites de esa supuesta estructura? El riesgo es evidente: la “estructura social” acaba funcionando como una cosificación de un conjunto de relaciones que, en la práctica, son abiertas, dinámicas y potencialmente inconmensurables.

Las relaciones sociales existen —en eso Radcliffe-Brown acierta plenamente—, pero no forman un objeto cerrado y delimitable como para ser observado en bloque. El problema no es teórico, sino metodológico: no observamos “la estructura”, observamos interacciones concretas, situadas, parciales.

Por eso, desde un punto de vista etnográfico, no observamos la cultura cuando la conceptualizamos como un grupo o una sociedad en su totalidad. Sí la observamos, en cambio, cuando la entendemos como reglas del juego: reglas convencionales que organizan la acción social y que pueden ser observadas, descritas y comparadas, siempre de manera acotada.

Un antropólogo no estudia “una sociedad” ni “un país”. Triangula contextos, delimita situaciones, identifica reglas que operan en escenarios concretos. Una antropóloga puede salir al campo y observar la acción social que se produce en una panadería —quién habla, quién espera, quién decide, quién paga, qué se considera correcto o incorrecto— y, a partir de ahí, producir conocimiento antropológico sobre cultura. No porque la panadería sea “la sociedad”, sino porque ahí operan reglas observables y extrapolables a otros contextos.

El contraste con las definiciones de la RAE resulta revelador. La primera definición —«conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico»— es metodológicamente inabarcable. No existe una herramienta científica capaz de medir la “cantidad de cultura” de una persona entendida como acumulación de conocimientos. Por eso, afirmar que alguien es más o menos “culto” tiene escaso valor científico desde una perspectiva antropológica.

Todas las personas participan en relaciones sociales y aplican reglas para darles forma. En ese sentido, todas las personas producen cultura al mismo tiempo que la reciben.

La tercera definición de la RAE —«conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial…»— introduce además un problema adicional: una visión elitista y jerárquica de la cultura. El arte, la ciencia o la industria aparecen como criterios comparativos entre grupos, dejando entrever una lógica evolucionista que ignora el relativismo cultural.

Algunos de esos elementos podrían cuantificarse parcialmente (el desarrollo industrial o científico), otros son profundamente subjetivos (el artístico), y otros directamente inconmensurables (el conjunto de conocimientos, los modos de vida). En conjunto, no se trata de un concepto operativo para la antropología contemporánea, sino de una definición más cercana a planteamientos decimonónicos.

En definitiva, no es un concepto antropológico de cultura, o al menos no uno útil para el trabajo de campo actual. La antropología necesita definiciones que permitan observar, describir y analizar prácticas concretas, no jerarquizar grupos ni medir abstracciones imposibles.

Seguiremos, por tanto, con la búsqueda de conceptos de cultura que realmente nos permitan bajar al campo y observar cómo las personas dan forma a su acción social.

BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS

Brown, R. (1975). Método de la antropología social.


Brown, R. (1974). Estructura y función en la sociedad primitiva.


Nota legal

Los textos de acceso libre aquí mencionados están disponibles para consulta en repositorios culturales y académicos de acceso abierto, como Monoskop y otros archivos digitales sin ánimo de lucro.
Esta página no aloja los archivos ni reclama derechos sobre ellos. Los enlaces se facilitan exclusivamente con fines culturales, educativos y de difusión del conocimiento.


Descubre más desde ACTIVIDAD ANTROPOLÓGICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑