SHAKESPEARE EN LA SELVA, LAURA BOHANNAN | ARTÍCULO

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El relativismo cultural es una perspectiva fundamental en la antropología que sostiene que las creencias, valores y prácticas culturales deben entenderse dentro de los propios términos de cada grupo. Juzgarlos desde el exterior, supondría un error analítico dentro de la disciplina antropológica, que pretende representar las formas de vida sin posición política o ideológica que contamine los resultados. Un antropólogo puede explicar la pauta caníbal de un grupo sin la necesidad de valorar la pertinencia o impertinencia de la misma. Los etnógrafos profundizan en la interpretación de significados hasta extraer formas de comprensión de lo ajeno y aplican metodologías para traducir las cosmovisiones al lenguaje de las Ciencias Sociales.

El relativismo cultural implica reconocer que las normas y valores pueden variar significativamente entre diferentes culturas y que no hay un conjunto único de normas morales universalmente aplicables. Esto es un hecho científico pese a las habituales críticas que recibe. También se centra en comprender y respetar la diversidad cultural y en evitar el etnocentrismo, que es la tendencia a juzgar otras culturas (grupos) desde la perspectiva de la propia.

Por otra parte, el relativismo moral implica la idea de que no existen normas morales objetivas o absolutas, y que las normas morales son relativas a las creencias, costumbres, circunstancias y valores individuales o culturales. En otras palabras, lo que es considerado moralmente correcto o incorrecto puede variar según el contexto cultural o personal. El relativismo moral sostiene que no hay estándares morales universales que puedan aplicarse en todas las situaciones o culturas, y que las normas morales son subjetivas y contingentes.

En resumen, mientras que el relativismo cultural se centra en la diversidad cultural y en entender las prácticas dentro de su contexto cultural, el relativismo moral se refiere a la idea de que las normas morales son relativas y pueden variar según las circunstancias o las perspectivas individuales.

El artículo de Bohannan es verdaderamente determinante en la comprensión del relativismo cultural, y es una muestra muy recomendable para comprender su funcionamiento. Es muy habitual confundir y malinterpretar el relativismo cultural. También es muy habitual despreciarlo, confundiendo los puntos de vista explicativos y analíticos con la justificación de prácticas socioculturales que atentan contra los derechos humanos desde el punto de vista occidental, como por ejemplo las prácticas racistas, la mutilación genital femenina, la discriminación por género, aunque también prácticas más próximas a sociedades como la española: delincuencia, drogodependencia, mafia, algunos géneros musicales, etc.

A menudo, la falta de comprensión del contexto y la aplicación de valores personales en los contextos de vida de otra persona o grupos, es el elemento común mediante el que adjudicar juicios y órdenes de lo correcto y lo incorrecto, interpretando el relativismo cultural como una simple aceptación pasiva de cualquier práctica cultural sin considerar los factores que la influencian.

Es importante recordar que el relativismo cultural en la antropología no significa aceptar todas las prácticas como igualmente válidas o buenas, sino más bien comprenderlas en su contexto cultural y social, reconociendo la diversidad de valores y normas en el mundo sin renunciar a los principios éticos universales, como los derechos humanos. Pese a esto, un antropólogo no tiene por qué defender los derechos humanos, no tiene, en realidad, por qué posicionarse en ningún lugar para hacer buena antropología. Esta postura depende de cada cuál y, bajo mi punto de vista, la posición política o ideológica del antropólogo es un estorbo para la investigación, y a menudo uno de los puntos débiles de las Ciencias Sociales. Me van a matar, pero el periodismo como disciplina, al menos en la sociedad española y, creo que de manera predominante entre el mainstream comunicativo, filtra las realidades observables a través de elementos políticos e ideológicos para mostrar la parte deseable de la información, y evitar la indeseada.

Este texto es una joya para estos menesteres, es muy ameno y cortito. Verdaderamente recomendable. Un texto que ilustra vívidamente este principio relativista es «Shakespeare en la Selva», escrito por la antropóloga Laura Bohannan. En este cautivador relato, Bohannan narra su experiencia viviendo entre los Tiv, una tribu en Nigeria, y su intento de contar la historia de «Hamlet» de Shakespeare a través de una serie de narraciones y debates con los miembros de la tribu. Lo que resulta es una reveladora exploración de cómo las diferencias culturales pueden influir en la interpretación y comprensión de una obra literaria.

A medida que Bohannan intenta compartir la historia de «Hamlet» con los Tiv, se encuentra con numerosos obstáculos culturales. Por ejemplo, ciertos conceptos y aspectos de la trama no tienen equivalente directo en el lenguaje Tiv, lo que lleva a malentendidos y reinterpretaciones por parte de los oyentes. Además, las normas sociales y las estructuras de poder dentro de la sociedad Tiv influyen en la forma en que se percibe y se interpreta la historia.

A través de «Shakespeare en la Selva», Laura Bohannan nos desafía a reflexionar sobre la naturaleza relativa de la cultura y a reconocer la importancia de abordar las diferencias culturales con respeto y comprensión. En última instancia, este texto nos recuerda la riqueza y la diversidad de las experiencias humanas, y nos impulsa a adoptar una postura de apertura y humildad en nuestro encuentro con otros grupos.

Este texto me recuerda a la mirada intransigente y la comprensión fija de los significados. Hace muy poco, una persona me explicó en una frase de unas pocas palabras lo que es el capitalismo, dejando la coletilla «fin»: «El capitalismo es… Fin». Pese a que trataba de exponer que hay miles y miles de páginas de diferentes autores escritas para tratar de explicar en profundidad lo que es el capitalismo, el colega prefería interrumpir sistemáticamente para decirme finalmente que, las cosas son las cosas, las palabras son las palabras, lo negro es negro y lo blanco es blanco, «mira lo que dice la RAE». En otros comportamientos recurrentes a la RAE, otras personas me conducen y recomiendan al pensamiento fijo de las palabras: «inferior significa inferior, punto»; «un discapacitado es una persona que tiene menos capacidad que el resto, punto. Al final tendremos que llamarlos ingenieros aeronáuticos». Hay una creciente creencia en los significados como si estuviesen compuestos de una estructura material. «Relativistas, puaj» leí como respuesta en un foro a un antropólogo que intentaba explicar analíticamente la visión interna de algunas estadísticas que asocian delincuencia con inmigración de facto, «es estadística, son datos, los datos son los datos».

En efecto, las palabras y sus significados están sometidas a la mutabilidad y la arbitrariedad, de entre otras características, y cobran sentido en un contexto determinado, sus significados fluyen, no son reglas fijas por mucho que aparezcan registradas en un organismo oficial. Por cierto, de entre las bases de la RAE se encuentra el enfoque no prescriptivo, es decir, que la RAE no te dice cómo tienes que hablar, si no que refleja cómo se expresa una comunidad de manera predominante. Es imposible que la RAE alcance los rincones de cada expresión particular, o cada código socio-lingüístico, para eso están diferentes disciplinas, de entre ellas la etnografía. Disfruten de esta lectura que lo merece.


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2 comentarios sobre “SHAKESPEARE EN LA SELVA, LAURA BOHANNAN | ARTÍCULO

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  1. Hola,

    Leí el artículo de Bohannan hace varias décadas y he caído aquí buscándolo para pasárselo a mi jefa. Fin del contexto.

    En su momento, tuve en gran consideración intelectual el relativismo cultural. En una parte quizá no desdeñable, sigo considerándolo valioso, especialemente en su versión más abstracta y dinámica: la que observa objetivamente las dinámicas humanas. «Dinámica» sería para mí el concepto clave. Creo que es erróneo el relativismo que observa las culturas como fotografías (en lugar de filmarlas).

    En el sentido de lo anterior, me parece que el artículo de Bohannan era y sigue siendo muy sagaz, puesto que ilustra que desde dentro toda cultura es etnocéntrica, conservadora e intolerante con la diferencia. Solo desde fuera, en las fronteras y en los choques, puede aparecer el relativismo cultural como un mecanismo de comprensión. Es decir, en una dinámica.

    Durante un tiempo también participé del conservacionismo antropológico. Ya no. Entiéndasame bien: conozco los costes y la brutalidad del colonialismo y el imperialismo. También entiendo la necesidad de su superación. Y no deseo pasar por un cínico, pero igualmente comprendo su inevitabilidad histórica. (Y, por favor, obsérvese la ironía de que la propia antropología es hija del imperialismo: de su conciencia de culpa, si se quiere, y de ciertas reliquias intelectuales conservadas en formol de la Ilustración). De nuevo, la clave sigue estando en el proceso, la dinámica y la historia.

    En un sentido análogo, podría llegar a entender a tu colega que quería terminar la conversación con un «y punto». Y sin más datos sobre las posturas de tu colega (al que tú reduces a una caricatura al intentar criticar su reduccionismo), no me parece que los puntos finales tengan que ser algo negativo e incluso suelen ser necesarios como… puntos intermedios. De igual manera, referido aún a tu defensa del relativismo moral en el debate con tu colega, las palabras deben significar algo si queremos entendernos… o confrontarnos. A menudo, el lenguaje es menos un lugar de negociación (que también) que un campo de batalla. Sospecho que los «y punto» de tu colega no han servido para evitar que tú sigas dándole la batalla. De nuevo, la dinámica.

    Finalmente, creo que tu comentario del artículo de Bohannan da un salto del relativismo cultural como herramienta de comprensión a un relativismo político, conservacionista, tolerantista y más moral, que creo que el propio artículo no sostiene. Observa que el irónico cierre del artículo apunta a que los tiv no aceptan, de ninguna manera, la visión cultural de la antropóloga, sino que la rechazan y corrigen explícitamente: es ella la que ha estado sosteniendo una versión «incorrecta» de su propio relato de «Hamlet» y la mandan a transmitir la versión correcta -esto es, la versión «tiv»- a «sus ancianos»).

    Un cordial saludo (con punto final real, pero no metafórico).

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    1. Muy buenas,
      Gracias por tus comentarios, hecho de menos estas discusiones.

      Estoy muy de acuerdo con en el enfoque dinámico. Aunque yo creo que en la actualidad cualquier antropólogo formado tiene una lente dinámica para la representación de “procesos”. Han sido habitualmente las interpretaciones de las lecturas clásicas de la Antropología las que han producido ese efecto de “foto fija” en las masas de personas que las leyeron, las previsualizaron, las comentaron o las esbozaron en formatos sintéticos. Hoy en día creo que es difícil leer una etnografía sin esa lente “dinámica”. Estas representaciones de “grupos completos”, el fenómeno de la insularidad, los grupos aislados, no tiene mucha cabida en la actualidad.

      En referencia a lo que comentas sobre “la que observa objetivamente las dinámicas humanas”, he de decir que, observar objetivamente es una práctica imposible para los seres humanos. La observación, la posición del observador, la extracción de información y el posterior análisis y producción de datos se configuran intersubjetivamente, nunca objetivamente. Toda observación y registro es interpretación de significados. Si los significados se tratan de ordenar y traducir al lenguaje de las Ciencias Sociales, más aún si el observador no pertenece al grupo observado, la posición siempre va a ser intersubjetiva.

      Tu comentario sobre la ironía del artículo de Bohannan es pertinente, y me parece importante recalcar que la crítica implícita en el texto no es hacia la capacidad de los Tiv para comprender su propia cultura, sino hacia la dificultad de la antropóloga para traducir un concepto occidental a un marco cultural tan diferente. Bohannan, en su relato, no solo resalta los malentendidos entre las distintas cosmovisiones, sino que también ilustra cómo estas interpretaciones pueden ser sometidas a la crítica interna del propio grupo. El relato nos recuerda que las “culturas” no son monolíticas y, como tú mencionas, siempre están sometidas a procesos dinámicos y en constante cambio.

      Respecto a la discusión sobre el relativismo moral y cultural, me gustaría precisar que el relativismo cultural, como herramienta epistemológica, no justifica las prácticas que puedan considerarse violaciones a derechos humanos según las convenciones internacionales. Mi postura en el texto fue señalar que el relativismo cultural no debe ser confundido con un apoyo incondicional a cualquier práctica cultural. El papel del antropólogo es, precisamente, entender los grupos desde dentro, pero eso no implica necesariamente adoptar una postura moralmente neutra sobre todas las prácticas observadas. También es cierto que el límite en esto lo pone de manera particular cada investigador. La Ciencia Social debe ser consciente de sus propios límites y de los efectos que puede tener al interpretar las dinámicas sociales y culturales a través de un filtro ajeno a las realidades de los actores involucrados.

      No obstante, he de decir que el relativismo, tanto cultural como moral, no es un fenómeno con el que se deba estar de acuerdo o en desacuerdo, a favor o en contra, sencillamente son herramientas que precisan al máximo la descripción de los grupos y la diversidad de reglas con las que se relacionan los humanos. ¿La moral es relativa?… Sí, lo es. ¿Existen diferentes formas de entender y enfrentarse a un mismo problema de la vida cotidiana en diferentes grupos? En efecto, existen, se pueden observar y registrar. De modo que tanto un relativismo como el otro son fenómenos observables independientemente de las impresiones de cada cual.

      De ahí que, a mi modo de ver, poner los “y punto” como coletilla detrás de una afirmación severa, va más allá de una forma de explicarse o de hacerse entender, sino que considero que es habitualmente un error de comprensión sobre la complejidad de los procesos. Si bien es cierto que tal vez me haya explicado mal ahí, y que parece más una crítica hacia la persona que pretende zanjar una discusión a su modo. Trataba de reflejar la dificultad de comprensión y la confusión que genera el relativismo cultural, o tal vez las pobres explicaciones que se pueden ofrecer en ocasiones o en según qué contextos.

      También es cierto que en algunas de estas conversaciones ha habido algo más de campo de batalla que de negociación, algo de crítica al reduccionismo más allá de trabajar en aclarar que el relativismo cultural no va de opiniones o de posiciones personales, sino de comprender en profundidad los porqués de la conducta humana, sus complejidades y diversidades.
      Un cordial saludo,
      Antropocentric

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