«Cannibal Tour» es un fascinante documental antropológico dirigido por Raymond Sin-Kwok Wong y Dennis O’Rourke, que se sumerge en el complejo mundo de los tours turísticos por la región del río Sepik en Papúa Nueva Guinea. La película, lanzada en 1988, ofrece una visión cruda y reveladora de la interacción entre los turistas occidentales y las comunidades indígenas que han sido tradicionalmente estigmatizadas como caníbales.
La trama se desarrolla a lo largo de un recorrido fluvial en el que los turistas, en su mayoría occidentales, exploran aldeas indígenas, interactúan con los habitantes locales y participan en la compra de arte y objetos rituales. La narrativa revela la brecha cultural entre los visitantes y los lugareños, subrayando cómo las expectativas y estereotipos de los turistas chocan con la realidad de las comunidades tradicionales.
Lo que destaca en «Cannibal Tour» es la habilidad de los cineastas para capturar momentos auténticos y reveladores. A través de entrevistas y observaciones directas, se presenta la complejidad de las reacciones de los indígenas ante la llegada de los turistas, desde la curiosidad hasta la incomodidad y la resistencia. La película plantea preguntas profundas sobre el impacto del turismo en las culturas tradicionales y cómo las percepciones culturales occidentales pueden distorsionar la realidad de las comunidades visitadas.
La cinematografía juega un papel crucial al retratar la exuberante belleza natural de Papúa Nueva Guinea, contrastada con las expresiones y gestos de los personajes, creando una experiencia visual poderosa y a la vez provocativa.
En última instancia, «Cannibal Tour» invita a la reflexión sobre la ética del turismo, la representación mediática y la preservación de las identidades indígenas en un mundo globalizado. Este documental se convierte así en una ventana a la complejidad de las interacciones culturales, ofreciendo una experiencia única y provocadora para aquellos interesados en la antropología, el turismo y la comprensión intercultural.
Pues bien, la pregunta es: ¿Esto ha cambiado mucho en la actualidad?
Hemos visto en el documental algunas formas de comercio que se podrían entender en muchos casos como formas de mendicidad. Buscar monedas a cambio de artesanías de manera insistente o, en los casos de otros países, la insistencia puede parecerse más a una forma de acoso según expresan los turistas cuando regresan. El caso aquí es que, en innumerables destinos turísticos, los propios autóctonos teatralizan su etnicidad exagerándola hasta poder llamar la atención a los que poseen el cash. Rituales, bailes, indumentaria, música o todo tipo de expresiones del folklore local como bien de consumo para los turistas que, además, centralizan dichas prácticas en zonas con una infraestructura dedicada específicamente para recibirlos con la mayoría de las necesidades occidentales cubiertas.
Es muy habitual que los turistas busquen la seguridad, la gastronomía y la teatralización de la etnicidad en unas pocas calles, y que no quieran saber mucho más de la vida autóctona. El turismo modélico es algo así como comprar el estereotipo disfrutando de sus expresiones coloristas y exóticas sin formar parte de las convenciones sociales que las reproducen en su versión original, dejando el principal poso económico en los dueños de la infraestructura.
Véanse los procesos de patrimonialización del Qhapaq Ñan para la apertura a la infraestructura turística que investiga la antropóloga peruana María Luisa Rendón1. Básicamente señala que la apertura turística en zonas rurales de otros lugares de Latinoamérica han aumentado el consumo, la industria y por lo tanto el PIB, pero que esa extracción de dinero se lo llevan entre empresas norteamericanas y empresarios locales, que las personas de las zonas rurales no hay mejorado su calidad de vida y siguen viviendo con rentas semejantes, así que es una mejora representativa del PIB, cuando en realidad se ha producido un aumento en la desigualdad, porque el PIB en realidad también es una unidad de medida que no expresa de facto la riqueza de los ciudadanos de un lugar, pese a que se utiliza a menudo como tal; en este caso la concentración del capital está en un porcentaje muy pequeño de manos pese al reflejo de un PIB positivo y en aumento.
En los años 70 Dean MacCannell2 desenmascara esta relación entre el turismo y la autenticidad de los autóctonos, con la obra Turista: Una nueva teoría de la clase ociosa. El autor considera el turismo un producto de consumo típicamente occidental que vende imitaciones haciéndolas pasar por genuinas; el turismo disfruta de simulacros de autenticidad, y además modifica los aspectos socioculturales locales, que tratan de ofrecer, tal y como se ve por ejemplo en Cannibal Tours los objetos y materiales que son más interesantes por la visión estereotipada del turista. En este caso de Papúa Nueva Guinea, se introduce una moneda, un dinero que los autóctonos comprenden de una manera particular, y que acaba por sustituir sus formas tradicionales de vida por la producción de las mejores formas de obtener las monedas de sus extraños visitantes, con las que luego podrán comprar en un mercado, por ejemplo, un saco de cereal en lugar de cultivarlo. Esto se convierte en una modificación sustancial de sus formas de vida por una forma que en ocasiones se aproxima a la mendicidad capitalizando el preciado exotismo desde la mirada occidental hasta convertir lo «auténtico» en su imitación monetizable. De este modo puedes acabar comprando en un mercado nocturno de Laos un artefacto fabricado en china que imita el exotismo laosiano.
Se han detectado actividades de simulacro turístico en el que poder visitar aldeas coloristas con nativos bailando alrededor de una hoguera, y cuando se marchan los turistas, resulta que acaba la jornada laboral y se ponen sus pantalones vaqueros y continúan con sus quehaceres. En muchos casos trabajan para empresas. Otro ejemplo, que a mi juicio me parece algo perverso es ese deseo convencional de sujetar a un bebé de una joven madre asiática que vive en una pequeña aldea en una comunidad considerada tribal para echarse una foto. ¿Os podéis imaginar este suceso en vuestra propia vida? Es decir, si tenéis un hijo, ¿se lo dejaríais de manera sistemática a un conjunto de desconocidos que se lo van pasando de brazos mientras sus parejas o amigos les hacen fotos, diariamente, a cambio de unas monedas? La relación de desigualdad es evidente. Esa persona necesita tus monedas y tiene que ceder lo más sagrado ante tu posición de poder, aunque el préstamo de su criatura vaya acompañado de una sonrisa.
Toda infraestructura turística construye una realidad distante de la complejidad local. Es imposible conocer los «lugares» (desde un concepto antropológico de lugar) a través del turismo. En realidad la idea que nos llevamos de los lugares que visitamos puede llegar a ser todavía más errónea que antes de visitarlos. Es paradójico pero el turista vive una ficción ideada por el libre mercado. Viajar con este modelo no te tiene por qué proporcionar más conocimiento ni «cultura» como es habitual recomendar, ni te tiene que facilitar una mayor comprensión del mundo. Aunque estrictamente, la pérdida de autenticidad en cuanto a sus prácticas sociales, son también una forma de realidad observable, son una forma de «cultura auténtica» que se produce y se reproduce.
Algunas características del turismo de cara a la producción de imaginarios y representaciones posteriores de los viajeros (cuando la publican en Instragram o se la cuentan a sus amigos).
1. Etnocentrismo: El etnocentrismo es la tendencia a evaluar otras culturas desde la perspectiva de la propia, considerándola como superior. El turismo a menudo refleja esta tendencia, ya que los turistas pueden juzgar las costumbres, tradiciones y formas de vida de las comunidades locales desde su propia perspectiva cultural, sin comprender plenamente el contexto y los significados desde su interior. A menudo se utilizan conceptos como el de la pobreza, la dictadura, la vida primitiva aplicando los términos de la forma de vida del viajero.
«Los chinos son unos guarros, escupen en el suelo». Ya el simple concepto de «chinos» es desproporcionadamente impreciso. «Los chinos» no existen empíricamente respecto a cualquier tipo de práctica social homogénea. Ser un guarro o dejar de serlo depende del concepto de higiene entendido en los términos de cada coordenada. Escupir = ser un cerdo establece una valoración subjetiva que se comprende en un contexto de acción social concreto. Para saber si esa persona que viste escupir es un cerdo se deberían conocer las reglas con la higiene y esa localización en profundidad para establecer si en sus propios términos se considera una marranada o no. La higiene es relativa al contexto3.
«La educación de los niños no es una responsabilidad de los padres, es de toda la comunidad -proverbio africano-«. El mero hecho establecer que un proverbio pueda ser africano es como decir que «reunión de pastores, oveja muerta» es un proverbio europeo.
«Cuba está fatal, me lo han dicho unos cubanos en La Habana». Considerar a los cubanos, o los peruanos, o cualquier sociedad como una comunidad homogénea. Si gambiteas un poco por los bares en tu ciudad, puedes encontrar por ejemplo a unos jubilados jugando al cinquillo metiéndose con el político de turno y explicando lo mal que está España y el desastre de sociedad que somos. ¿Se convierte automáticamente en una verdad objetiva? Con el resto de sociedades sucede lo mismo, existirá una diversidad de opiniones y posiciones.
2. Estereotipos: El turismo a menudo perpetúa estereotipos culturales al enfocarse en ciertos aspectos exóticos o llamativos de una cultura, ignorando su complejidad y diversidad. Los turistas pueden buscar experiencias que confirmen sus expectativas preconcebidas sobre un país o grupo humano en lugar de buscar una comprensión más profunda y precisa. Viajar unos días o semanas a cualquier lugar, y además sin participar en las formas de vida locales, supone un impedimento para poder conocer sus propios términos de vida. Viajar, volver a casa y colorean en un mapa todo un país como una meta cumplida en la creencia de que ya se conoce determinada geografía, forma parte de esta clase ociosa turística a la que se refería McCannell que considera el conocimiento del mundo señalando en el mapa de la pared de su habitación los lugares que considera conocidos, con una chincheta, un «check», o el bote de pintura del paintbrush, rellenando una vasto territorio del mismo color cuando se han dado unos pocos miles de pasos microscópicos en escala; otra creencia de homogeneización, la homogeneización geográfica que estereotipa basándose en fronteras simbólicas.
3. Zoologización: Si el turista está fotografiando a personas de manera compulsiva, sin su consentimiento y tratándolas como objetos exóticos, puede ser visto como una forma de cosificación. Esto puede ser irrespetuoso y perpetuar estereotipos culturales. No obstante, es muy habitual en muchos destinos turísticos tratar a la población de manera semejante a cuando se visita un zoológico.
4. Reduccionismo cultural: La simplificación excesiva de una cultura, conocida como reduccionismo cultural, es común en el turismo. Las representaciones simplificadas pueden hacer que un grupo sea entendido de manera superficial, perdiendo de vista la riqueza y complejidad que subyacen en sus prácticas, creencias y tradiciones. La industria turística puede ser un mecanismo de divulgación de una forma de ignorancia.
Finalmente, os voy a pegar aquí otro vídeo/podcast más reciente, de este año, muy entretenido por cierto. Se trata de un modelo de viajero en busca de rituales y experiencias. Hay otros, van de aquí para allí, viviendo aventuras y experiencias exóticas. También tiene una empresa de viajes exóticos, que reclama pequeños grupos selectos a los que lleva a visitar diferentes poblaciones africanas para mostrar todo tipo de rituales. No obstante, la orientación de éste trata de ser en ocasiones antropológica. Os dejo una pregunta para la reflexión particular: ¿Es diferente lo que nos expone Aníbal Bueno a lo que se expuso en Cannibal Tours hace treinta y pico años?
[1] Puertas, M. L. R. (2015). La agenda para el desarrollo a través del turismo en Perú y su relación con intereses internacionales. PASOS. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, 13(3), 697-708.
[2] MacCannell, D. (2003). El turista. Una nueva teoría de la clase ociosa. Barcelona: Melusina.
[3] Douglas, M. (1973). Pureza y peligro. Un análisis de los conceptos de contaminación y tabú, 1.
Otas referencias… Ruiz Ballesteros, E., & Vintimilla, M. A. (2009). Cultura, comunidad y turismo.
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