Un proyecto que combina residencias de mayores y centros de menores plantea algo más que una iniciativa emotiva: abre la posibilidad de generar nuevos vínculos de parentesco allí donde el sistema produce soledad y ruptura biográfica. Entre beneficios reales y riesgos evidentes, la clave está en el diseño institucional y en comprender qué significa, realmente, construir comunidad.











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