Vivimos en una época en la que las identidades se multiplican y se hacen visibles, tensionando continuidades culturales que parecían estables. El fenómeno therian no habla solo de identidad animal, sino de una fisura más profunda en la definición moderna de lo humano. Comprender esa discontinuidad antes de patologizarla es una tarea central de la antropología contemporánea.








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