Antes de que el trabajo de campo se convirtiera en dogma, la antropología se hacía desde el sillón. Bronislaw Malinowski estropeó esa comodidad: se fue, se quedó, se aisló y fracasó lo suficiente como para entender algo. En las Trobriand, el método etnográfico dejó de ser teoría y pasó a ser experiencia, aburrimiento y convivencia forzada. Aquí empieza todo.











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