En las economías socialistas del siglo XX, conseguir bienes tan básicos como comida, atención médica o una vivienda no siempre dependía del dinero ni de seguir los procedimientos oficiales, sino de a quién conocías. A partir del análisis comparativo de Alena Ledeneva, este artículo explora el blat soviético y el guanxi chino como prácticas informales que hicieron posible la vida cotidiana en contextos de escasez. Lejos de ser anomalías culturales, estas redes de favores, contactos y obligaciones muestran cómo la economía funciona, ante todo, como una institución social basada en relaciones humanas.