La identidad gamer no es una esencia, sino un territorio movedizo donde jugadores, comunidades y algoritmos negocian quién es “gamer” y quién no. Muriel lo mapea; el campo lo desborda. Ser gamer no es un estado: es un proceso, una disputa y, sobre todo, un espejo borroso donde nadie termina de reconocerse del todo.
CONVERTIR EL OCIO EN FÁBRICA: NOTAS PARA UNA ANTROPOLOGÍA DE HATSUNE MIKU
Lo que empezó como un experimento de voz sintética acabó convirtiéndose en un modelo global de participación y consumo. En el universo de Hatsune Miku, el entretenimiento no descansa: trabaja.
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