LA RESISTENCIA DE LOS BUBIS DEL REY MOKA

LOS BUBIS DEL REY MOKA[1]

La historia de los bubis y la emergencia de su monarquía hacia mediados del siglo XIX, tiene un gran interés por la gran trasformación de la forma de organización social que sufrió esta pequeña isla africana que se caracterizaba por la concentración de grupos patrilineales y matrilineales, los movimientos de pequeños grupos por su territorio geográfico y el desarrollo de jefaturas.

La gran trasformación bubi se debió a la necesidad de resistir en la búsqueda de la concentración de fuerzas políticas para afrontar una amenaza colonialista española inminente. Concretamente, tras una serie de procesos migratorios internos relevantes, en el valle de Moka se concentraron dos grandes núcleos de poder: el religioso y el político, que favoreció la centralización de jefaturas de la zona. Aquí aparecieron los antecesores del rey Moka, de los que hay muy pocos datos y consenso de autores.

Los bubis se ubican geográficamente en lo que hoy se considera la Isla Bioko, en Guinea Ecuatorial.

En la segunda mitad del XIX, comienza el interés de los españoles por colonizar aquellos lares, aunque con grandes dificultades debidas a la ignorancia geográfica y la organización territorial.

España comenzó sus andanzas en profundad por la zona, en la que en cierta medida ya creían colonizada por la sumisión de algunos territorios litorales. Sin embargo, su soberanía tan sólo era reconocida en pueblos costeros, desconociendo que los jefes del interior se creían totalmente independientes.

Ante la amenaza española comenzó una evolución social y política que otorgó al rey Moka la concentración del poder, la jefatura indiscutible, con una pertinente repercusión en las formas de organización social, política, cultural, religiosa, económica de toda la zona. De una forma de vida basada en pequeños grupos independientes configurados por segmentos de parentesco a supeditarse a una nueva institución centralizada; un endogrupo común para enfrentar la amenaza.

La isla se dividió en dos principales formas de soberanía e incluso lealtad, una hacia el estado español que se difundía en zonas norteñas, hoy Malabo, y otra al gobierno indígena concentrado en el valle de Moka y que disponía de una mayor influencia en los bubis que los españoles.

El rey Moka consiguió fortalecerse mediante la conformación de una fuerza de guerreros hercúleos, la lujúa, con capacidad para resolver conflictos y pacificar las luchas internas de las zonas de su control, favoreciendo así la unificación del pueblo hacia su causa.

Creció la leyenda del gobernador de los bubis, que con el tiempo se fue mitificando para los españoles que fueron considerándole como una figura de autoridad. De modo que decidieron llevar a cabo la estrategia de realizar una gran expedición con propósitos diplomáticos para intentar contactar con él.

Este primer contacto se materializó en 1887. Los españoles le llevaron numerosos obsequios como pólvora, escopetas, tabaco… y el rey Moka les atendió con cortesía. El misionero Juanola, junto con el oficial Sorela y veintidós krumanes fueron bien recibidos por Moka. Juanola lo describió de la siguiente manera:

Su sombrero hecho de plumas estaba cubierto de una piel de mono; seis pieles de gallina con sus plumajes colgaban de su cinto y en la parte superior del mismo llevaba dos cuernecitos de antílope. Su talla era alta, su musculatura gigantesca y atlética, de mirada serena y vigorosa y con una barba pobladísima pero blanca. Su cuello, pantorrillas y brazos parecían estar ensortijados con todos los productos de la naturaleza. Su taparrabos era una gran piel de un animal salvaje parecido al mono, el resto del cuerpo que quedaba libre veíase embadurnado de rojo violeta (Juanola, 1888, pp. 64-68; 82-85 en Valero y Belenguer, 1892).

La grandeza del rey Moka se encuentra en su inigualable capacidad de liderazgo, en ser un líder político que consiguió el respeto de la mayoría de rincones de la isla por encontrar mecanismos políticos, religiosos y económicos favorables para su grupo. Conservó los principales elementos culturales de su sociedad pese al insistente interés de los españoles por evangelizar y construir escuelas e instituciones colonizadoras como en otros territorios; impidió las misiones españolas en su valle y evitó la secularización manteniéndoles a raya mediante la unión de fuerzas bubis, el consenso político, un ejército con poder simbólico y un pueblo unido dispuesto a satisfacer su voluntad. 

El rey Moka representa la capacidad de adaptación política de los grupos humanos para enfrentar las amenazas externas. La repercusión de la colonización en este caso, como en otros muchos, supuso modificaciones en las formas de organización social, generalmente trasformando la identidad y las formas de vida del grupo colonizado. Esta figura de autoridad histórica trascendió del mito hasta convertirse en leyenda por la capacidad que tuvo para hacer resistir la identidad de su grupo pese a los cambios en los niveles políticos, pasando de organizarse en pequeñas jefaturas a conseguir centralizar los instrumentos de poder.

En el último tramo del reinado del rey Moka, con la aparición de los primeros síntomas de la vejez, bajó la guardia, comenzaron algunos intercambios de materias primas con los españoles. La introducción de la patata fue un instrumento estratégico colonial muy eficaz para ampliar las relaciones con los bubis del valle de Moka. La transmisión de conocimientos de cultivo y las expectativas económicas que trajeron consigo favorecieron el aumento de la presencia de los españoles y el desarrollo de otras estrategias menos visibles.

Existe el consenso en que la introducción de este tubérculo tan satisfactorio para llenar el buche sirvió como carta de presentación para la evangelización.

Con el fallecimiento del rey Moka y la controvertida transición política hacia sus sucesores comenzó la decadencia del valle de Moka. Comenzaron rivalidades para el acceso al poder, desobediencias a las políticas desarrolladas por el rey Moka, enfrentamientos a los colonizadores durante un breve período y, finalmente, la apertura a las concesiones de territorios y de negociaciones con los mismos.

A pesar del intento por conservar los aspectos culturales bubis, ya no eran los mismos, pese a poder seguir vistiéndose como bubi, sus manos portaban armas con pólvora, en sus cosechas se recolectaban alimentos de otros continentes, en sus intercambios se producían nuevos patrones de valor…

Comenzó un proceso llamado “hispanización” en la isla. El gobierno colonial aglutinó a las pequeñas poblaciones en las llamadas “rancherías”, donde sería más fácil concentrar las instituciones que perpetrarían finalmente la colonización en todas las dimensiones de lo social.

Una colonización cuyo principal recurso estratégico fue un tubérculo.


[1] Esta lectura es una síntesis del texto que se encuentra en el capítulo 6 del siguiente recurso bibliográfico:

PÉREZ GALÁN, B. y MARQUINA ESPINOSA, A. 2011. “Antropología política. Textos teóricos y etnográficos”, cap. 6 “Resistencia, decadencia y colonización en la isla de Bioko. Anális de la estructura política Bubi, Nuria Fernández Moreno”. Ed. Bellaterra, Barcelona.

El libro se puede conseguir aquí:

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